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La Caneli, una travesti de cine: «Si nos entregamos al miedo, estamos perdidos»

La artista drag, creadora de la sesión 'Laca y Palomitas' y de los podcasts '¡Ay, La Caneli!' y 'Caneli y Dragonas', nos habla de cine, cultura queer, VIH y visibilidad para inaugurar el nuevo curso repleto de proyectos

La Caneli.
Carlos Barea

Tras volver de un extenuante viaje exprés a Torremolinos, que no viene al caso comentar, llego con la lengua fuera a las puertas del Teatro Bellas Artes de Madrid para encontrarme con Alberto Fernández, el jefe de sala de este templo de la interpretación. Quizá su nombre civil no nos diga mucho, pero si aclaramos que detrás de él se esconde La Caneli, una de las drags más culturetas del panorama artístico contemporáneo, la cosa cambia bastante. No en vano, La Caneli es una artista conocida y reconocida a lo largo y ancho de nuestra comunidad —y también fuera de ella, que para algo fue colaboradora del desaparecido 'Más Vale Sábado', la apuesta vespertina de La Sexta durante los fines de semana de 2023.

Como buena travesti, La Caneli se hace esperar. «Llego en cinco minutos, cariño», me escribe por WhatsApp. Durante la espera, me siento en un banco frente a las puertas del Círculo de Bellas Artes y observo a las hordas de personas que aguardan para entrar a una actividad del Festival de las Ideas, aunque no termino de saber cuál. También me da por pensar que, al contrario de lo que suele ocurrir con las travestis, conozco mucho mejor a la persona que se esconde tras el personaje, ya que son muchos años de gustos e intereses compartidos con Alberto y escasa mi voluntad de trasnochar para poder ver a La Caneli en directo. Eso sí, en diferido lo que quieras, ya que ella no es una travesti al uso y puedes encontrarla en multitud de formatos. Poco después, la silueta de Alberto aka La Caneli aparece al doblar la esquina de la calle Alcalá. Pelo rubio pollo, aros en las orejas, uno a cada lado, y un aspecto de querer pasar de puntillas por la masculinidad, pero sin pretender revolcarse en la feminidad. Vamos, el vivo retrato de un maricón que felizmente se ha librado de los complejos de la misoginia y la plumofobia. Si es que hay que quererlo.

Nada más entrar en el teatro, aún cerrado para el común de los mortales, el encargado comienza a dar órdenes y a planificarlo todo antes de abrir las puertas al público. Que si el camerino está limpio, que si hay que liberar no sé qué entradas, que si está todo en orden antes de empezar. «Vamos a mi despacho», mi dice luego. Tras descender a las tripas del edificio y acomodarnos en su santuario laboral, Alberto señala hacia la parte del pasillo que podemos ver a través de la puerta abierta. «Mira», me dice. Enseguida emerge, escaleras abajo, la figura de la actriz Lola Herrera, que, a sus 91 años, llega para prepararse antes de la función que se encuentra representando en el Bellas Artes, 'Camino a la Meca'. La verdad es que no se me ocurre una mejor forma de empezar esta entrevista, ya que, tanto La Caneli como yo, somos unas fervorosas mitómanas y ella ha entendido a la perfección el brillo de mis ojos por ver a esa leyenda de la interpretación a escasos metros de mí. Reprimiendo las ganas de lanzarme sobre ella para darle dos besos, decidimos cerrar la puerta y empezar con lo que hemos venido a hacer.

¿Quién es La Caneli?

La Caneli es un pedazo de travesti que un día decidió ponerse la peluca por montera y empezar a hacer cosas, pero también a compartir sus aficiones. Entre ellas está el cine, que para mí siempre ha sido una pulsión, un refugio. Ahora, con unos cuantos años más, me encanta compartir esa afición. De ahí nace buena parte de lo que hago: los podcasts, 'Laca y Palomitas' y todo este universo.

Has hecho muchas cosas: televisión, radio, podcasts, escritura, escenarios… ¿La Caneli es una artista multidisciplinar?

Sí, soy una travesti 360. He estado en televisión, he participado en concursos, he escrito capítulos de libros [concretamente en '¡Larga vida al trash!: el cine de John Waters como nunca te lo habían contado' y 'Eloy de la Iglesia. El placer oculto del cine español', ambos editados por Dos Bigotes], tengo podcasts… Un poco de todo. Al final, creo que La Caneli nace precisamente de juntar todas esas cosas que me gustan y darles una forma artística.

Sin embargo, empezaste a tomártelo en serio relativamente tarde. ¿Te arrepientes de no haberlo hecho antes?

A veces miro hacia atrás y me da un poco de rabia y de pena no haber empezado antes a tomármelo en serio. Yo empecé a hacer mis pinitos después de la pandemia, cuando ya tenía más de treinta años… Chicas, empezad antes a tomaros en serio a vosotras mismas. No demasiado, porque también hay que tener sentido del humor, pero sí entender que tus aficiones pueden ir más allá de ser un hobby. Pueden convertirse en una forma artística e incluso en una manera de ganarse un poco la vida.

«La Caneli puede ser una señora de barrio, puede ser una diva, puede ser cualquier cosa»

La Caneli

Artista drag

¿Qué fue lo que hizo que dieras ese paso?

Yo creo que durante mucho tiempo fui una persona más cerrada, más miedosa, que no se atrevía tanto y que era bastante conformista. Siempre me sentía un poco el personaje secundario de mi propia vida. Hasta que llega un momento en el que dices: «No, coño, el personaje protagonista de mi vida soy yo». La pandemia me ayudó mucho a hacer ese clic. También había empezado a ir a terapia y ordené muchas cosas de mi vida que no me hacían bien. Cuando sentí que todo estaba un poco más colocado, dije: «ahora sí es el momento».

Y luego estuvieron mis amigas. Fueron ellas las que me empujaron a dar el salto al escenario y al gran público. Participé en el extinto podcast en directo '¿Puedo hablar!', de Enrique Aparicio (Esnorquel) y Bea Cepeda (Perra de Satán), y ahí descubrí el aplauso de un público que no te conoce. Hasta entonces había actuado en fiestas privadas, con tus amigos, donde todo es una broma. De repente estás delante de gente que no te conoce y te aplaude. Ahí empecé a tomármelo más en serio.

La Caneli y Alberto parecen dos caras de una misma persona. ¿Dónde termina uno y empieza la otra?

Ahora mismo estamos bastante al 50-50. Hay momentos en los que está más presente Alberto y otros en los que está más presente La Caneli, pero realmente no existe una separación absoluta. La Caneli también es activista, igual que Alberto, y muchas veces uno viene al rescate del otro.

Además, La Caneli no soy yo sola. Yo soy mucha más gente. Tengo un equipo que ha sido fundamental para construir todo esto: fotógrafas como mi amiga Isa, gente que trabaja las pelucas, dirección de arte, vestuario… Cuando llegan mis limitaciones, sé que puedo contar con personas que saben hacer cosas que yo no sé hacer.

El cine ocupa un lugar central en todo lo que haces. ¿Qué te ha dado el cine?

Sobre todo, la posibilidad de crearme fantasías y de ser lo que me apetezca ser. La Caneli puede ser una señora de barrio, puede ser una diva, puede ser cualquier cosa. Cada sesión de fotos que hacemos es un juego: pensamos qué nos apetece ser, qué queremos contar. Yo vengo también de una adolescencia de provincias en la que estaba bastante armarizado, intentando incluso fingir que no era quien era. Y eso es horroroso. Para mí el cine era una ventana a otros mundos, una posibilidad de viajar a otras dimensiones sin salir de casa. Cuando estás en Zamora pensando que eres la única persona que está viviendo una doble vida, que está sufriendo y que no sabe muy bien dónde encajar, descubrir otros mundos a través del cine te abre los ojos.

¿Hay alguna película que haya sido especialmente importante para ti?

'The Rocky Horror Picture Show'. Si yo no hubiera visto esa película, no sé si realmente estaría aquí ahora mismo hablando contigo. No digo que me hubiera muerto, pero quizá seguiría siendo un chico armarizado, penando y lleno de tristeza. La encontré casi por casualidad. Vi la portada, con aquel señor con tacones [el actor Tim Curry, recientemente fallecido], y pensé: '¿esto qué es?'. Me la puse y de repente mi química cerebral explotó por los aires. Para mí fue tomar la decisión de que no había vuelta atrás, de que había que seguir saliendo del armario. Hasta entonces solo le había confesado que era gay a una persona, mi mejor amiga de la universidad. Y ya estaba en segundo de carrera. Así que sí, llegué un poco tarde.

Eres una gran defensora de la experiencia de ir al cine. ¿Las plataformas han perjudicado esa experiencia?

Yo sigo siendo una fiel defensora de la sala de cine. Para mí tiene algo terapéutico. Nada más entrar, esa oscuridad que te envuelve… Si estoy triste, me encanta ir al cine y sentirme arropada. Si estoy contenta, también me encanta ir a ver una buena película. Las plataformas tienen cosas muy buenas, ofrecen un catálogo enorme y una libertad de acceso que antes no teníamos. Pero también nos han creado una especie de ilusión de que tenemos todo al alcance de la mano y realmente no es así. Hay películas que quieres ver y no están disponibles en ninguna parte. Y con las series ocurre algo todavía más preocupante porque si una plataforma decide retirar una serie, desaparece. Antes tenías tu DVD o tu Blu-ray y podías volver a verlo cuando quisieras. Ahora dependemos de que alguien decida que ese contenido sigue estando disponible.

De esa pasión por compartir películas nace 'Laca y Palomitas'. ¿Qué es exactamente?

Es un sueño hecho realidad. El Cine Embajadores me dio una carta blanca para disponer de una sala una vez al mes y programar las películas que quisiera, y ya llevamos cuatro temporadas. Pero para mí no consiste solamente en proyectar una película. Lo que promuevo es un visionado comunal. Normalmente puedes ir al cine, estar en una sala llena y, sin embargo, vivir la película de una manera bastante individual. En 'Laca y Palomitas' quiero que estemos todos a una. Si, por ejemplo, Nomi Malone sale del volcán en 'Showgirls', todas saltamos y gritamos. Hay una explosión colectiva. Y después de la película me interesa muchísimo que la gente me cuente qué ha sentido.

¿Qué supone para ti recuperar películas que han quedado fuera de circulación?

Es una de las cosas que más me gustan. En la primera sesión de esta temporada proyectamos 'Letty Lynton', una película de Joan Crawford que estuvo prácticamente desaparecida durante décadas por un litigio. En España se estrenó en 1934 y no volvió a proyectarse durante muchísimo tiempo. Yo ni siquiera la había visto porque era prácticamente imposible encontrarla en buenas condiciones. Poder verla bien y, además, llevarla al público fue un lujo. Incluso me hice para la ocasión el vestido de la película, gracias al diseño de Peceta. Siempre da un poco de miedo programar películas clásicas porque no sabes cómo va a responder el público. Pero la sala estuvo llena y la experiencia fue maravillosa.

La Caneli también ha convertido sus podcasts en una plataforma para otras voces con 'Ay, La Caneli' y 'Caneli y Dragonas'. ¿Qué buscas cuando entrevistas a otras personas?

Para mí no es tanto entrevistar como charlar. Son conversaciones con amigas y compañeras. 'Caneli y Dragonas', por ejemplo, me permite hablar con mis compañeras de camerino, con artistas y travestis, y también ofrecer mi plataforma a personas que quizá no tienen tanto seguimiento. Muchas veces han venido personas que después han acabado entrando en Drag Race España. Me gusta que la plataforma sirva también para descubrir y escuchar a gente que quizá todavía no tiene tanta visibilidad. Por otro lado, en 'Ay, La Caneli' todo gira un poco alrededor del cine, el mariconeo y la cultura pop. Es un cajón de sastre.

En los últimos años también te has convertido en una figura visible en torno al VIH. ¿Cómo decidiste hablar públicamente de tu diagnóstico?

Cuando recibí la noticia fue un shock, aunque yo no era una persona ignorante sobre el VIH. Conocía a personas seropositivas y a activistas. De hecho, una de las primeras personas con las que hablé fue Lucas Fauno, un amigo de Argentina que fue uno de mis grandes apoyos. Pero ocurrió algo que me hizo pensar mucho. Cuando empecé a contarlo a mi entorno, descubrí que había personas VIH positivas que lo vivían en secreto y que yo no lo sabía. Yo tuve claro desde el principio que no quería vivir una vida en secreto. Para mí el diagnóstico iba a formar parte de mi vida, pero no quería esconderlo. Tardé unos meses en contárselo a mi familia porque tampoco es fácil decirles algo así. Pero cuando finalmente se lo verbalicé a mis padres sentí que ya estaba fuera. Y entonces pensé que, si tengo una plataforma y hay gente que escucha lo que hago, puedo utilizarla para que a otras personas no les pase lo que me pasó a mí, vivir una especie de ceguera y pensar que estás sola.

¿Te consideras un referente?

Creo que el tema de los referentes te lo da la gente. No te lo puedes dar tú misma. Y tampoco soy muy partidaria de idolatrar a nadie. Si alguien se acerca a mí porque acaba de recibir un diagnóstico y no sabe con quién hablar, para mí es importante estar ahí. He tenido personas que no me conocían de nada y que me han escrito porque estaban pasando por ese momento oscuro. Y un café no se le niega a nadie. Quedamos, hablamos y les cuento lo que pueda contarles.

Vivimos un momento de retroceso en algunos derechos y libertades. ¿Cómo afrontas el futuro siendo una persona tan visible?

Creo que se vienen tiempos jodidos. Estamos viendo un bombardeo constante de pesimismo y malas noticias y eso también puede hacer que nos metamos en una especie de terror. Pero yo tengo claro que no hay que entregarse al miedo. Hay que estar al pie del cañón. Si nos entregamos al miedo, estamos perdidos. Desde mi punto de vista, lo que puedo hacer es seguir activa, seguir denunciando en redes las cosas horribles que ocurren y seguir intentando ayudar y apoyar a las minorías que pueda. Esa es mi manera de plantar cara

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