Saltar al contenido
El escritor Nando López acaba de publicar su novela juvenil.

Nando López, escritor: «No existe la inclusión forzada, pero sí la exclusión forzosa»

El autor publica 'Somos la Séptima', su nueva novela juvenil. Hablamos con él de inclusión en las aulas, el tabú de las infancias queer, Lorca y el giro conservador en las nuevas generaciones

Cuando arrancó la escritura de su último proyecto, el novelista y dramaturgo Nando López (Barcelona, 1977) tenía dos grandes referentes en mente: la serie 'Los cinco', de la escritora británica Enid Blyton, y 'El club de los cinco' de John Hughes. No es casualidad, entonces, que sean cinco los protagonistas de 'Somos la Séptima', primera entrega de la saga que publica ahora el sello Molino y que cuenta con las ilustraciones de la artista Melania Badosa.

Martín, Dany, Fang, Iago y Valeria son cinco jóvenes que acaban de empezar su primer año de instituto. Bajo la tutela de Marc, un profesor abiertamente homosexual (e inspirado en parte por las experiencias de López como docente), los y las integrantes de esta 'Séptima' lideran un podcast en el que tratan los temas que preocupan a su generación, ya sea hablando de su grupo pop favorito o denunciando la actitud de un profesor poco tolerante.

Hace una década que dejaste la docencia. ¿Qué te motiva a seguir dirigiéndote a un público infantil y juvenil?

Es una etapa vital en la que la literatura todavía puede ayudar a cambiar las cosas y en la que se necesitan muchos referentes. Me mueve mucho pensar en los libros que yo no tuve, porque la realidad LGTBI nunca estuvo presente en la literatura infantil y juvenil de mi época. Y, cuando la encontraba en la adulta, era siempre desde un lugar muy traumático y estereotipado. Creo que eso me ha llevado a escribir los libros que a mí me habría gustado leer cuando era joven.

¿Es cierto que las nuevas generaciones ya no disfrutan de la lectura?

Al contrario, son un público muy entusiasta. Lejos de lo que se dice, al público adolescente sí le gusta leer. Les interesan muchísimo las historias en cualquier formato, ya sea un libro, una película, un videojuego… y cuando algo les atrapa, lo consumen con voracidad. Me han llegado mensajes de padres y madres diciendo que sus hijos habían devorado el libro en menos de 24 horas. Eso es algo que no se vive con el público adulto.

Hablas de la literatura como vehículo de cambio social. ¿Qué mensajes has querido destilar en 'Somos la Séptima'?

No creo que los libros deban tener una moraleja. Yo, por ejemplo, odio las fábulas, con perdón para Esopo y Samaniego. Más que un mensaje, prefiero que mis libros te dejen con preguntas. Aquí, en concreto, quería movilizar a los y las lectoras a plantearse desde una edad temprana que tienen el poder y la responsabilidad de hacer que las cosas sean diferentes, ya sea en su clase, en su familia o en su entorno más directo. Por eso el libro habla mucho de lo importante que es expresarnos y tener espacios seguros para contarnos. Los protagonistas de la novela crean un podcast porque es un espacio donde sienten que se les respeta, que no se les juzga ni se les cuestiona, y en el que pueden aprender tranquilos.

Nando López, escritor.
Nando López, escritor. (Dani Piedrabuena)

¿Escuchamos lo suficiente a les adolescentes?

No, porque muchas veces se nos olvida que nosotros también hemos tenido 12 años. No les damos la palabra lo suficiente, ni siquiera cuando queremos que hablen de sí mismos. Preferimos opinar en su lugar. Tendemos a subestimar sus opiniones y a no darles el tiempo, la importancia y el espacio que merecen. Luego nos extraña que desconfíen del mundo adulto. Uno de los aprendizajes más importantes que me llevé de mi etapa como profesor es que ellos y ellas también tienen mucho que enseñarnos.

¿Por qué hablar de infancias y adolescencias queer se sigue viendo como un tema tabú?

Porque, por desgracia, se sigue considerando que somos algo que no se debe mostrar a cualquier edad. En un cuento infantil nunca hay miedo a contar una historia de amor chico-chica aunque tenga toques terribles, como en el caso de La Bella Durmiente. Sin embargo, cuando planteas realidades LGTBI en la literatura infantil y juvenil, siempre sale ese discurso de que estos temas no se pueden hablar a esas edades. Como si las personas del colectivo surgiéramos por esporas a los 20 años y no tuviéramos infancias. Pero las infancias queer existen, porque son las que hemos atravesado todas las personas del colectivo. Tenemos que pelear por defenderlas y empezar a trabajar la igualdad desde edades tempranas. Cuanto antes abordemos estas realidades, más fácil será que las nuevas generaciones crezcan queriéndose y no desde el insulto y el miedo, como lo hemos tenido que hacer tantos y tantas.

Aunque ahora te dedicas principalmente a la escritura, sigues en contacto con las nuevas generaciones a través de talleres y charlas en institutos. ¿Cómo ves a los y las jóvenes de hoy en día?

Es una generación en la que, por suerte, hay muchas más familias diversas que han roto con el esquema normativo. Además, tienen una clara conciencia feminista, son mucho más visibles en cuanto a su realidad LGTBI y tienen un interés real por hablar de estos temas de una forma más cotidiana y abierta. A la vez, se trata de una generación en la que están calando mucho los discursos de odio y el auge del neofascismo a nivel global, con todo el poso racista, machista y antiLGTBI que eso conlleva. Por desgracia, son dos realidades que conviven.

Se habla mucho de ese giro conservador y de una brecha fuerte en las ideas políticas entre ellos y ellas. ¿Es algo que veas en las aulas?

Los conflictos que se plantean en 'Somos la Séptima', desde el debate sobre si 'La Sirenita' puede ser una actriz negra hasta qué hacer con una bandera LGTBI en el hall de un instituto, son situaciones que se están viviendo en las aulas en estos años. En la última década he podido hacer unos 150 encuentros por colegios e institutos de toda España, y se ven muchas de estas realidades. Hace poco me contaban en algunos centros cómo se vandalizan las pancartas que crean con motivo del 8M. En un instituto, me pidieron que diera mi taller en unas gradas sobre las que habían pintado la bandera arcoíris porque el alumnado no se atrevía a sentarse en ellas, por miedo a recibir insultos.

«Es una generación en la que, por suerte, hay muchas más familias diversas que han roto con el esquema normativo»

Nando López

Escritor

¿Crees que es una situación reversible?

Es cierto que los discursos de odio están afectando a la convivencia en el aula. Nos quieren llevar a la autocensura, sea en lo literario o en lo educativo. Aun así, hay una realidad esperanzadora, y es que gran parte de esta generación alfa tiene muy claro que la igualdad es el único camino. Por eso creo que no estamos en un contexto para callar, bajar la mirada o fingir que no estamos viendo lo que está pasando. Es momento de dar la cara y posicionarse.

En 'Somos la Séptima' insistes en la importancia de que los centros educativos sean espacios seguros, tanto para mayores como para jóvenes. ¿Cómo podemos hacer que colegios e institutos sean más inclusivos?

Hay que tener muy claro que la inclusión no se trabaja de manera puntual. No vale con hacer un taller al año dedicado al antirracismo, el machismo o la LGTBIfobia; el trabajo tiene que ser constante y se tiene que hacer desde todas las asignaturas. Cuando yo daba clases de lengua, hacía analizar oraciones como 'Ana y María se besan'. Y siempre había alguien que saltaba: «Profe, te has confundido, es Ana y Mario». Yo respondía que no, que son Ana y María, que se besan y están muy felices. Parece una bobada, pero el cambiar el enunciado de un problema o hablar de la orientación de determinado personaje histórico ayudan a que la igualdad cale en el alumnado. Si solo le dedicamos un día al año, ese esfuerzo no vale para nada.

Portada de 'Somos la séptima'.
Portada de 'Somos la séptima'.

Hay quienes insisten en que esa visibilidad responde más a los objetivos de una agenda política que a la realidad del mundo en que nos movemos. ¿Existe una representación que se pueda categorizar de 'forzada'?

Hay que acabar con esa idea de la inclusión forzada. A mí nadie me ha empujado a una habitación porque tenga que haber una persona LGTBI en cada una. Pero la realidad es que, seguramente, haya una persona LGTBI en cada habitación. Y eso es lo que se invisibiliza. No existe la representación forzada, pero durante demasiado tiempo hemos sufrido una exclusión forzosa. No nos han dejado estar, nos han sacado de las historias y, cuando se ha hablado de nuestras vidas, se ha hecho invisibilizando nuestra identidad LGTBI. Todo el mundo que explica a Machado o a Juan Ramón Jiménez en un aula habla de sus historias amorososas, pero pocos mencionarán que Gloria Fuertes era una mujer lesbiana.

Los Javis hablaban precisamente de la diferencia entre estudiar a Lorca en el instituto y leerlo 10 años después, reconociéndolo ya como poeta gay.

¡Claro! Cuando una persona escribe, no se puede separar su vida de su obra, porque ambas experiencias están plenamente hilvanadas. Mira por ejemplo 'Yerma': siempre la hemos leído desde un lado muy estereotipado, la mujer que no puede tener hijos. Y, en realidad, lo que está proyectando Lorca con ese personaje es su propio deseo sexual insatisfecho. Pasa lo mismo con Cernuda, que cuando escribe eso de «si el hombre pudiera decir lo que ama…» está hablando de una homosexualidad a la que tiene que poner límites. O Andersen, que volcó la frustración de su desamor con otro hombre en la figura de una sirenita que se ve obligada a entregar su propia voz para ser feliz con la persona que ama. Nuestras realidades llevan ahí desde el principio de los tiempos, pero el canon ha intentado invisibilizar esa parte de la historia. Por eso es importante que en las aulas haya una conciencia LGTBI.

La historia de la Séptima hace mucho énfasis en la relevancia de llamar a las cosas por su nombre, ya estemos hablando de violencia de género o de respetar la identidad de cada persona. ¿Por qué es importante usar el lenguaje con propiedad?

Porque el lenguaje no solo expresa realidades, también las crea. Si hablamos de 'violencia familiar' en vez de 'machista' o 'de género', estamos eliminando la palabra más importante que nos ayuda a luchar contra esa lacra. Si usamos términos tan terribles como 'mena', estamos deshumanizando a menores en riesgo de exclusión para crear con ellos un discurso alarmista y de exclusión. Por eso me duele tanto que se minimicen expresiones como 'marica el último'. Cada vez que permitimos que las palabras se usen sin conciencia, estamos permitiendo que sigan siendo dolorosas. Yo puedo definirme como marica si quiero porque esa reapropiación supone un grado de madurez. Pero, para una persona de 8 o 9 años, ese primer 'marica' o 'bollera' marca su desarrollo de forma violenta en un momento en el que todavía están descubriendo su identidad.

A través de las aventuras de la Séptima, abres un debate sobre la libertad de expresión y sus límites. ¿Crees que se abusa de este derecho para ejercer el odio?

Por supuesto. El humor y la libertad de expresión se usan constantemente como coartada para justificar burradas y, aun así, cada día asistimos a ese meme del 'ya no se puede decir nada' retransmitido por todas las cadenas de televisión. Para mí no se trata de una cuestión únicamente verbal, sino de pensamiento. Lo peligroso de decir ciertas cosas (o quejarte de que ya no puedas decirlas) es demostrar que todavía las sigues pensando. Da igual lo mucho que insistamos en que están mal dichas: si esa gente no se abre a pensar de otra forma, no cambiará nada.

«El humor y la libertad de expresión se usan constantemente como coartada para justificar burradas y, aun así, cada día asistimos a ese meme del 'ya no se puede decir nada'»

Nando López

Escritor

Con el auge de las redes sociales, se habla de una diferencia entre activismo de calle y de sofá. ¿Crees que estas nuevas generaciones, criadas en un entorno casi enteramente digital, mantienen esa conciencia de lucha?

Es una generación que va a seguir peleando, de eso estoy seguro, pero desde el mundo adulto les estamos contagiando un mensaje terriblemente desesperanzador que les está desmovilizando. Les enseñamos que nada sirve para nada, que no van a tener una casa ni un buen trabajo, que van a venir más pandemias y que el cambio climático lo está destrozando todo. Y, lejos de infundirles ganas de luchar, les estamos animando a tirar la toalla. No es casualidad que desde ciertos medios, redes sociales y partidos de ideología neofascista se esté insistiendo en ese pesimismo para desanimar precisamente a quienes lo tienen más difícil.

¿Cómo recuperamos ese optimismo sin negar la situación actual?

Soy consciente del mundo horrible que estamos dejando a las generaciones venideras: se está privatizando la educación, se está privatizando la sanidad, la vivienda se está convirtiendo en un lujo impensable. Pero, además de problemas, vamos a darles también cauces para solucionarlos. Las cosas nunca han cambiado esperando en un sofá, y eso nuestro colectivo lo sabe. Hay que enseñar a la generación alfa, a través de nuestras conquistas históricas, que luchar todavía merece la pena. Creo que desde ahí nace la Séptima: desde la convicción de que cualquier acción a nivel individual, por pequeña que sea, puede tener una gran repercusión.

Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.

Reporta un error

[]

Nando López, escritor: «No existe la inclusión forzada, pero sí la exclusión forzosa»

[]

Nando López, escritor: «No existe la inclusión forzada, pero sí la exclusión forzosa»