'Nancy Boy', de Placebo: el punk marica que plantó cara a la heteronormatividad del britpop
30 años después, la canción sigue hablando de identidad, provocación y de un rock que encontró otras formas de ser en la fluidez de género
Antonio Rodríguez
«Cuando escucho tu música, ¿qué es lo que te gustaría que sintiese?», preguntaba un periodista a Brian Molko al terminar su directo en el Pinkpop Festival de 1998. «Me gustaría que te ponga cachondo», respondía el artista, en una de las provocaciones que acostumbraba a tener a finales de los 90, cuando Placebo, la banda que formó junto a Stefan Olsdal y Robert Schultzberg, alcanzó un éxito inesperado en los charts británicos. Lo hizo con 'Nancy Boy', una canción fundacional que desplazó algunas ideas preconcebidas sobre la apariencia y la identidad sexual. La canción cumple 30 años junto a las otras diez que daban forma a su disco homónimo de debut y vive ahora una reconstrucción dentro de 'RE: CREATED VERSION'. El grupo define esta revisión del álbum como una especie de 'director's cut' del original en la que revisa las cintas originales y lleva las canciones a nuevos territorios, con una producción y una mezcla superior a las originales, más nítidas, para que respiren después del paso del tiempo. Placebo estarán presentando el disco en Madrid y Barcelona en directo a principios de octubre.
En los años 90, la música comercial y mainstream todavía ofrecía espacio para discursos y actitudes alejados de la norma. Bandas y artistas muy distintos convivían en las listas de éxitos, los premios MTV y, sobre todo, en las revistas musicales. Placebo surgió en ese contexto, con una formación de distintos orígenes y una relación particular con la identidad, el género y la sexualidad. Molko era belga, hijo de madre escocesa y padre norteamericano; Stefan Olsdal y Robert Schultzberg eran suecos, con Steve Hewitt sustituyendo posteriormente al batería original. Molko y Olsdal se habían conocido frente a la estación de metro de South Kensington en 1994. Lo que comenzó allí terminaría convirtiéndose en una banda con más de 14 millones de discos vendidos y en uno de los grupos de pop-rock más reconocibles de las últimas décadas.
Su aparición contrastaba con el Britpop dominante, que recogía una cultura muy ligada al fútbol, la cerveza, la lad culture, la heterosexualidad y una determinada idea de masculinidad británica. Brian Molko, que se identifica como hombre bisexual, llevaba maquillaje, ropa femenina y una imagen deliberadamente ambigua, mientras Placebo hablaban de sexo y drogas desde un sonido de rock agresivo. En ese contexto apareció 'Nancy Boy', una canción que situaba la ambigüedad sexual dentro de un género especialmente masculinizado. «Nancy boy» es un término antiguo y despectivo utilizado para referirse a un hombre considerado afeminado o directamente a un hombre gay. Placebo convirtió aquel insulto en el título de una de sus canciones más reconocibles. «Alcoholic kind of mood, lose my clothes, lose my lube» («Una especie de estado de ánimo alcohólico, me quito la ropa, me quedo sin lubricante»), cantaba Molko con su voz nasal y urgente, mientras su imagen de pelo negro cortado en un bob, los párpados perfilados con kohl y las uñas pintadas contribuía a construir un personaje que jugaba deliberadamente con las categorías de género. Escrita cuando tenía 25 años, 'Nancy Boy' reunía sexo casual, cross-dressing y fetiches en una letra que saltaba entre la tercera y la primera persona: «se maquilla en su habitación, se empapa en perfume barato; agujeros para los ojos en una bolsa de papel, el mejor polvo que he echado». El título seguía una tradición habitual dentro de la historia LGTBIQA+: reapropiarse de un insulto y convertirlo en una identidad propia.
Sus referencias tampoco encajaban demasiado con la tradición británica del momento. Pasaban por David Bowie, PJ Harvey, Patti Smith, Depeche Mode o Joy Division, y en 1996 Molko explicaba a NME: «Para empezar, no somos británicos. No crecimos aquí, así que no compartimos el mismo vocabulario. Nunca escuchamos a ninguno de los grupos que escuchaban bandas como Ocean Colour Scene. Lo nuestro era el post-punk y la música de guitarras de la new wave, junto con la poesía de Patti Smith, cosas como Depeche Mode y otras más oscuras como Joy Division». Aquella distancia también estaba presente en su relación con el género y la sexualidad. Molko lo explicó años después en The Independent (2017): «Quería desafiar la homofobia que estaba viendo en la escena musical. Quería que cualquiera que fuera ligeramente homófobo viniera a nuestros conciertos y pensara: «Me gusta mucho la cantante. Está buena», para descubrir después que la cantante se llamaba Brian. La idea era que se fuera a casa y se hiciera algunas preguntas. Por supuesto, el cross-dressing era una elección estética, pero para nosotros también era un acto político».
La trayectoria de 'Nancy Boy' empezó antes de que Placebo publicara su primer disco. En 1995, la banda ganó un concurso junto a Kula Shaker cuando solo había publicado una demo de cuatro canciones; un año después ya estaba teloneando a David Bowie ante más de 15.000 personas. El álbum debut, producido por Brad Wood, recogía buena parte de las canciones que Molko había compuesto en 1994 en su piso de protección oficial. Entre ellas estaba 'Nancy Boy', cuyo estribillo surgió de una referencia a Brett Anderson, cantante de Suede, y sus ambiguas alusiones a la bisexualidad. Molko explicaría en Louder (2016) que quería hablar del «turismo sexual» que nace desde la norma: Anderson había dicho que se sentía como un hombre bisexual sin haber tenido experiencias homosexuales, algo que Molko consideraba oportunista. «Y todo se viene abajo en el primer ensayo» funcionaba como resumen de esa idea. En Melody Maker (1997), describía la canción desde otro ángulo: «Sonoramente, intentamos capturar una especie de excitación sexual provocada por las drogas. Hay un sonido de coche acelerando que pretendía reproducir las primeras sensaciones del éxtasis, y es evidente que el personaje de la canción está completamente colocado en ese momento. Hay momentos en la vida en los que estás tan fuera de ti que lo único que quieres hacer es follar». Tras tres singles con una repercusión limitada, la publicación de 'Nancy Boy' en enero de 1997 cambió la situación: alcanzó el número cuatro de las listas británicas y llevó a la banda hasta Top of the Pops.
Para entender por qué 'Nancy Boy' podía resultar tan provocadora hay que situarla en el Reino Unido en el que apareció. La década de los 90 estaba marcada por cambios sociales y políticos en torno a la homosexualidad, dentro de un marco legal que todavía mantenía diferencias importantes: en 1994 la edad de consentimiento para los hombres homosexuales era de 18 años, mientras que para las relaciones heterosexuales se situaba en los 16, una diferencia que no desaparecería hasta 2001. También seguía vigente la Section 28, introducida en 1988, que impedía a las autoridades locales «promover la homosexualidad» o presentar su aceptación como una relación familiar legítima en las escuelas, y que no fue completamente derogada en Inglaterra y Gales hasta 2003. Sobre todo ello estaba la epidemia de VIH/sida, que atravesó los procesos de descubrimiento sexual de toda una generación. Stefan Olsdal ha recordado que él y Brian Molko estaban viviendo sus propios despertares sexuales mientras la crisis del VIH se desarrollaba a su alrededor.
Con el paso de los meses y después de una fama para la que Placebo no estaba preparada, la banda acabaría recordando 1997 como un periodo de cierta absurdez y excesos. El éxito de 'Nancy Boy' empezó a pesar sobre Molko, que desarrolló cierta distancia con la canción que había situado a Placebo en el centro de la atención. En The Independent (2011), Brian volvía sobre aquellas primeras canciones: «Diría que no son mi mejor trabajo, aunque son mejores que cualquier cosa que haya escrito Noel Gallagher. Además, mis letras siempre han sido ambiguas. Al menos no es «I'm feeling supersonic, give me gin and tonic»». La publicación de su segundo disco 'Without You I'm Nothing' supuso a la banda mirar con cierta distancia las consecuencias de una fama tan efervescente como la suya, y con un tema tan específico. En 'Pure Morning', el primer single, Molko reflexiona sobre ese duro momento para alguien que va colocado y se cruza al amanecer con una sociedad 'funcional' en camino al trabajo. La canción se posicionó en el número 4 de los UK Charts, dando espacio vital a la banda para mostrar toda su versatilidad como músicos.
Tres décadas después, la propia banda sigue reivindicando aquella dimensión de su imagen. En una entrevista reciente con Attitude, que este año reconoció a Placebo con el Pride Icon Award, Molko explicó: «Las elecciones estéticas que tomamos eran una forma de personificar lo que realmente somos. También era nuestra propia exploración de la androginia, y la única forma en la que podíamos descubrirla era a través del ensayo y el error». Para Molko, los conciertos de Placebo terminaron convirtiéndose en «una especie de santuario» para personas que no encontraban su sitio, incluidos muchos hombres gays interesados en la música de guitarras: «En los shows de Placebo podían ser ellos mismos, podían ser vulnerables sin ningún tipo de peligro». Stefan Olsdal también recuerda aquella relación con el público como una de las consecuencias más importantes de aquellos primeros años: «Este tema también consiguió crear una especie de sentido de comunidad para nosotros. Recibimos mucho de vuelta por parte de nuestros fans, y esto hizo que dos músicos como nosotros, acostumbrados a crear con nuestras guitarras antes de la era digital, de repente encontráramos esta sensación de pertenencia a algo colectivo que nunca habíamos sentido».
La grandeza de la música popular sigue residiendo en el impacto que tiene sobre las personas en un contexto determinado. Por ello, más allá de la relación de la banda con este himno queer, su momento fue uno en el que Placebo aportó una visión distinta en un mundo excesivamente masculinizado. Parece que ahora vivimos un momento de cierta parálisis en cuanto al movimiento LGTBIQA+; mientras crecen el odio y las agresiones desde entidades reaccionarias, la comunidad reconstruye a través de las artes el cosmos de esas estrellas que nos han traído hasta aquí, abriendo caminos por los que transitar. En julio de 2023, durante el Sonic Park de Stupinigi, Molko habló desde el escenario a favor de los derechos de las personas trans y no binarias y defendió los derechos civiles como derechos humanos. Después se refirió a la primera ministra italiana Giorgia Meloni, a quien calificó de «racista, fascista, nazista», acto que le ha llevado a tener una causa pendiente con la fiscalía de Turín. A lo largo de su carrera el grupo ha alzado la voz contra la Guerra de Irak, Trump, el capitalismo, la precariedad laboral, el Brexit o el cambio climático, entre otras cuestiones. A veces, esas selecciones del 'oficialismo' LGTBIQA+ olvidan o desconocen algunas constelaciones, precisamente por su pertenencia a la disidencia contracultural.
«Habíamos dejado un rastro de sangre y semen por todo el país», declaraba Brian Molko a NME en 1998, tan solo un año después de aquella explosión. Estos fluidos corporales como el semen y la sangre son poderosos símbolos del deseo, la mortalidad, el trauma y la resistencia política en la historia de la teoría y la literatura queer. La fluidez rompe las fronteras nítidas entre lo público y lo privado, la salud y la enfermedad, y la vida y la muerte. Y son tan parte de nuestra historia como una guitarra sucia, unos versos de Lou Reed y un buen perfilador.