Movistar+ estrena la serie documental sobre Rocío Jurado: cuando la muerte se convierte en el punto de partida
A través de imágenes inéditas, testimonios y la voz de su propia autobiografía, la serie reconstruye la figura artística y humana de la artista para reivindicar su legado veinte años después de su fallecimiento
El 1 de junio de 2006, a las 5.15 horas de la madrugada, Rocío Jurado dejó de respirar. En ese momento la artista, la estrella, la figura mediática que levantaba pasiones allá por donde iba comenzó su tránsito. Y no me refiero a un tránsito místico-espiritual ni al más que evidente tránsito entre la vida y la muerte, sino a uno más profundo y, si fuera posible, de más calado: el que convierte a la persona en mito inmortal. Hay que aclarar que el uso del término 'tránsito' como sinónimo de proceso temporal es plenamente consciente, ya que dicha transformación ha tomado su tiempo. Más que nada, porque no ha sido hasta veinte años después de su muerte que esa traslación ha finalizado y por fin la Jurado ha podido ocupar el lugar en el Olimpo de las leyendas de la cultura española que siempre mereció.
La historia reciente de nuestro país, seamos sinceros, no la ha tratado especialmente bien. Durante décadas, Rocío lo fue todo en el panorama artístico y social de esta España nuestra gracias a su prodigiosa voz y a su saber estar sobre un escenario o delante de una cámara. Sin embargo, en los primeros años tras su fallecimiento ese impacto parecía haberse disuelto, puesto que la atención a su carrera por parte de los medios era inversamente proporcional a todo lo que ella había aportado a nuestra cultura. Es más, los asuntos centrales, cuando se hablaba de ella, tenían más que ver con las peleas de unos y otros por la herencia, los encontronazos familiares, los caracteres de sus hijos o las cada vez más habituales excentricidades de su esposo. Mucho ruido mediático, pero ni rastro de su legado artístico —más allá del intento de puesta en marcha de un centro de interpretación en su Chipiona natal que, con proyecciones de inaugurarse en 2011, no lo hizo hasta 2022.
Mientras tanto, daba la sensación de que nadie se atrevía a levantar la voz, a dar un golpe en la mesa y a gritar alto y claro que Rocío Jurado no era solo la comidilla de las tertulias de sobremesa, sino que había mucho que decir en cuanto a su trayectoria. Es más, hubo un momento en que parecía casi imposible detener el constante aireamiento de los trapos sucios de aquella familia desmembrada tras la muerte de la matriarca, una situación que, además, copaba la mencionada atención y ahogaba la memoria artística de una de las figuras más relevantes de la canción española. Huelga decir que esa faceta, la de objetivo de la prensa, también formó parte de la dimensión mediática de Rocío cuando estaba viva —¡si llenó páginas enteras en las revistas del corazón con su vida privada!—, pero esta faceta nunca se convirtió, bajo ningún concepto, en la parte por el todo. De eso ella se cuidó muy mucho, ya que Rocío veía a los medios como un aliado, un vehículo más para conseguir llegar a su público y para demostrar que, a fin de cuentas, ella también era humana. Pero nunca, jamás, se dejó fagocitar por completo por la a veces cruel maquinaria de la crónica social.
En este 2026, sin embargo, parece ser que las fuerzas vivas que custodian su legado han decidido dar el ansiado golpe sobre la mesa y se han movilizado para colocar a Rocío, por fin, en el lugar que se merece. Así pues, en esta efeméride tan señalada, su hija Rocío Carrasco ha encabezado un movimiento que se ha propuesto cambiar el punto de vista, iluminar la hasta ahora cara oculta de la luna y redescubrir a una Jurado que, si la hacían llamar La Más Grande, era por sobrados motivos. Una artista de los pies a la cabeza, multidisciplinar y con innumerables hitos en su carrera que las nuevas generaciones necesitan descubrir.
Una de las acciones para conseguir este objetivo ha sido la puesta en marcha de 'La Más Grande', una serie documental de cuatro episodios que se estrenó el 25 de junio y que ha producido Tesseo Premium Content para Movistar+. La serie, de la que Rocío Carrasco es una de las productoras ejecutivas, está dirigida magistralmente por el también gaditano Alexis Morante ('Camarón: Flamenco y Revolución', 'Héroes: Silencio y Rock'n'Roll') y cuenta con la participación de Daniela Vega, la famosa actriz trans chilena. En el documental, Daniela se convierte en una especie de maestra de ceremonias que se encarga de leer parte de la autobiografía no publicada de Rocío Jurado, un documento que fue descubierto por su hija en una caja. Por la pantalla también desfilan otros rostros como los de la carismática experta en copla Lidia García, el periodista Carlos Herrera o la propia Rocío Carrasco. Estos testimonios se complementan con una ingente cantidad de material de archivo que hará las delicias de cualquier fan de Rocío Jurado, pero también de todo seguidor de la cultura retropop de nuestro país.
Pero quizá el mayor acierto de este documental, de entre todos los que tiene, haya sido la decisión de haber establecido a nivel narrativo un paralelismo entre la evolución de Rocío Jurado y la de nuestro país. Ella vivió la posguerra, la dictadura, el tardofranquismo y una transición que puso la primera piedra —dura de Chipiona— de unas libertades de las que hoy disfrutamos. A todas estas épocas Rocío se adaptó, acompañó y puso banda sonora, rebelándose también cuando era necesario. Además, esa rebelión la hacía de la mejor forma que sabía, a través de la expresión artística y de un sentido del humor que lograba sacarle una sonrisa hasta al más impertinente de los presentadores. Por tanto, este documental nos cuenta, entre otras cosas, cómo Rocío Jurado logró llevar de la mano a una España que todavía andaba en pañales a nivel democrático. Y todo ello lo hizo gracias a sus atrevidos vestidos, a sus canciones sinuosas y a sus declaraciones abiertamente feministas y a favor de la diversidad.
Por tanto, a largo de los cuatro capítulos que componen 'La Más Grande' podremos (re)descubrir a una Rocío artista, trabajadora, hermana, hija, madre, esposa, profesional y un sinfín de facetas más. También a la Jurado atrevida sobre el escenario que se convertía en la Mohedano tímida y tradicional cuando se bajaba de él. En resumidas cuentas, en este documental nos encontraremos cara a cara con una figura imprescindible para entender las contradicciones de un país que, en ocasiones, también eran las de la artista. Ahí radica, de hecho, el carisma de un personaje poliédrico al que durante mucho tiempo quisieron reducir a un mero nombre fantasma que sobrevolaba los platós de los programas del corazón. Sin embargo, ahora, tras dos décadas de su marcha, España ha empezado a valorarla como realmente se merece.
Y es que cuando el talento es tan inmenso, la muerte se convierte tan solo el punto de partida.