Lali: «Es muy propio de las redes esa pose de ser un 'fachita' con 18 años. Me parece una estupidez, fruto de la ignorancia»
La artista argentina, que hace unas semanas reunió a 180.000 personas en Buenos Aires en dos conciertos históricos y que este sábado actuó en Orgullo de Madrid, ejerce de comisaria de una exposición en la capital española sobre el Archivo de la Memoria Trans de Argentina, un proyecto único en el mundo
Hace unas semanas, Kylie Minogue actuó por sorpresa en el Estadio Monumental de Buenos Aires, sede del club River Plate y lugar donde han actuado históricamente las grandes estrellas de la música. Pero las 90.000 personas que estaban ese día ahí no habían comprado la entrada para disfrutar de la artista australiana, sino para escuchar a la nueva reina latinoamericana del pop. Tras toda una vida delante de las cámaras y seis discos publicados, la artista goza en este momento de una popularidad incomparable en Argentina. Tras cantar el himno de su país en la final del mundial de Catar, Lali sufrió varios ataques públicos de Javier Milei, a los que se enfrentó con música. El tema 'Fanático' arrasó y ella triunfa sin medida, a pesar de que no oculta sus posicionamientos políticos. Kylie Minogue estuvo acompañando a la cantante y actriz en los dos conciertos en los que reunió a algo menos de 200.000 personas, un hito histórico.
Antes de su multitudinaria actuación en el Orgullo LGTBI de Madrid de este pasado sábado, Lali pasó por la Galería Pionera de la capital española para inaugurar una exposición del Archivo de la Memoria Trans de Argentina, una iniciativa impulsada por la propia artista para acercar al público madrileño el trabajo de una de las instituciones más importantes en la preservación de la memoria del colectivo trans argentino. Allí habló con SIX sobre su implicación con el proyecto, el auge de los discursos reaccionarios y el impacto que ha tenido su enfrentamiento con el presidente argentino.
¿Por qué surge tu implicación con el Archivo de la Memoria Trans? Siempre has estado cerca de proyectos sociales, pero ¿hay alguna razón concreta por la que este te tocó especialmente?
Por una admiración enorme al trabajo que hizo el archivo y, sobre todo, al hecho de que exista. Como cuenta Belén (María Belén Correa, cofundadora del Archivo), hay algo muy poderoso en que la historia viva de toda esa gente que ya no está, y también de la que sigue estando, tenga un lugar tangible. Eso me conmueve muchísimo. Tengo el libro del archivo desde que salió. Está en la mesa del salón de mi casa, junto a otros libros que valoro mucho. Siempre que vienen amigos, abren una botella de vino y se ponen a mirar los libros, y el del archivo acaba pasando de mano en mano. Es un documento al que vuelvo constantemente: siempre descubro una fotografía que no recordaba o que nunca había visto. Lo tengo muy presente. Como dice Belén, algún día tendré que resolver en terapia por qué me pasa esto. Mientras tanto, siento que simplemente hago de puente con las cosas que me interesan como ciudadana, ya ni siquiera como artista.
De hecho, con este proyecto fue muy espontáneo. Yo venía a Madrid por trabajo y ni siquiera sabía si iba a participar en el Orgullo, pero pensé que tenía que intentar hacer algo con el Archivo.
La exposición ha sido una sorpresa. Nadie sabía que se iba a montar aquí.
Porque surgió hace apenas dos semanas. Fue un impulso muy natural. Le pregunté a Cecilia (Estalles), que dirige el archivo, si alguna vez habían expuesto en Madrid y me respondió que no. Me sorprendió muchísimo; con el recorrido que tiene el archivo, daba por hecho que ya había estado aquí. Entonces llamé a mi amiga Cala, que lleva este espacio (Pionera), y le pregunté si esos días tenían alguna exposición prevista. Me dijo que justo acababan de terminar una y que el espacio estaba libre. Fue como si se alinearan los planetas.
Para mí era una manera de demostrar el respeto y el cariño que siento por el Archivo. Además, la venta de los libros ayuda a que el proyecto siga funcionando. A veces tenés ideas que luego no conseguís sacar adelante, pero esta vez salió todo redondo.
En España hay un debate que preocupa mucho. Da la sensación de que parte de las reivindicaciones LGTBI se están desligando de otras luchas sociales. Hay quien se considera defensor de los derechos LGTBI, pero mantiene discursos xenófobos o racistas. ¿Está ocurriendo también en Argentina?
Sí. Y creo que, en realidad, está ocurriendo en todo el mundo. Nosotros lo vivimos especialmente por tener un Gobierno como el de Milei, pero si abrís el foco ves que es algo global. También creo que tiene mucho que ver con el lenguaje de las redes sociales. Hay una especie de idiotización de lo viral. Incluso estoy convencida de que mucha gente que juega a hacer comentarios racistas ni siquiera lo es realmente. Es una moda muy estúpida, propia de esta época. Muchas veces son provocaciones para hacer saltar a los 'progres' o a los 'zurdos' diciendo barbaridades.
Por eso creo que no hay que entrar en esa dinámica de señalar constantemente al otro como un fascista o lo que sea. Muchas veces eso es exactamente lo que buscan: que la gente se esté peleando mientras ellos hacen sus movidas. Es una opinión muy personal, pero cuando me cruzo con alguien que busca llamar la atención diciendo barbaridades, no tengo nada que discutir ahí. Me aparto y prefiero hablar con la gente con la que sí quiero construir algo.
También es muy propio de las redes esa pose de ser un 'fachita' con 18 años. Me parece una estupidez, fruto de la ignorancia. Y si realmente sos racista, xenófobo u homófobo porque creciste en ese entorno, bueno, el mundo siempre ha tenido que enfrentarse a personas así. Lo importante es decir: «Vos estás ahí con ese discurso, pero acá estoy yo defendiendo otra cosa». El mundo también es eso.
Vienes de llenar dos estadios de River. Siempre se ha dicho que cuando los artistas se posicionan políticamente les va peor. En cierto modo, has desmontado ese mito.
Qué sé yo… Me gusta pensar que River se llenó por el disco. Este álbum está atravesado por todo lo que pasó con el presidente, pero yo no llené River por ese enfrentamiento. Llenamos River después de seis discos y de muchos años construyendo una relación con la gente. Lo que pasó quedó reflejado en estas canciones, pero nunca fue el motivo por el que la gente fue a verme. Y enlaza con lo que hablábamos antes. Yo respondí usando el humor y la seguridad de saber quién soy. Frente a todas las barbaridades que me decían -incluido el propio presidente- respondí con arte, con risa y con una comunidad que sabe que estoy siendo sincera. Eso es muy difícil de combatir y también genera mucha bronca.
Nunca sentí que estuviera entrando en una pelea directa. Yo hice lo que tenía que hacer y seguí trabajando. Y creo que eso puede servir de ejemplo. Lo que más orgullo me dio durante estos dos años fue ver cómo otros colegas empezaban a perder el miedo a expresar lo que pensaban. Había artistas que antes eran mucho más prudentes y, poco a poco, comenzaron a hablar con más libertad. Si verme plantarme y comprobar que no solo no me fue mal, sino que pude sostener esa situación, sirvió para que otros también se animaran a decir lo que sienten, entonces eso sí me hace sentir muy orgullosa.