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Jordi Chicletol: «La vida adulta LGTBIQA+ es una extensión de una adolescencia que a veces no está sanada»

En 'Casi me muero (y otros hits)' el creador cultural habla de salud mental, adicciones e identidad queer, y de la cultura como refugio para re-construirse a uno mismo.

Jordi Chicletol.

Antonio Rodríguez

Ahora que vuelve el indie sleaze y otras tendencias de los 2000, es un buen momento para revisar aquellas figuras que en nuestro país levantaron toda una escena cultural y de ocio. Supusieron la regeneración de espacios e iniciativas culturales independientes que atravesaban por completo las vivencias del colectivo LGTBIQA+ antes de la crisis económica de 2008, cuando todavía, de alguna forma, existía cierto optimismo ante ese futuro prometido. Jordi Chicletol es creador cultural, presentador y DJ barcelonés con más de 15 años de experiencia conectando los puntos entre la cultura pop, el audiovisual y la salud mental. Muchos le conocimos en aquel cosmos tan fantástico que fue Fotolog, un espacio en el que precursores como él ponían en marcha estas escenas en las capitales y que, desde las provincias, se replicaban.

En 2026 ha publicado su primer libro. Tras retirarse temporalmente de algunos de estos espacios para realizar una catarsis a raíz de un difícil punto de inflexión, en 'Casi me muero (y otros hits)' (Dashbook, 2026) encontramos algo que supera con creces lo anecdótico. La historia de Titus —su apodo de pequeño— es también la de muchos de nosotros: la de tantos niños que esperan en el limbo del tiempo a que volvamos a abrazarlos y a asegurarles, con certeza y mucho amor, que todo estaba bien dentro de nosotros. En el libro, Jordi repasa unas vivencias que van desde la etapa escolar hasta la salida del armario, deteniéndose en la búsqueda de la identidad, las bandas y divas del pop, y esos espacios de oscuridad en los que, al igual que tantos otros niños, se difuminaba con el entorno mientras acechaban los pensamientos obsesivos, el bullying, la depresión, los abusos de poder y, posteriormente, las adicciones. Para salir adelante, un truco de escapismo que empezó a ensayar con apenas 8 años. Y es que, como explica, sobrevivir también es un acto creativo.

El libro es también un alegato en favor de la importancia de la cultura, no solo como industria —en algunas de sus manifestaciones se produce esta historia—, sino a través de artistas, cantantes, grupos, humoristas o programas de televisión que, sin darnos cuenta, imprimían en nuestro imaginario lo camp, lo queer y todas esas referencias que acabaron conformando un lenguaje propio para una generación que creció buscando referentes fuera de un sistema normativo que no siempre sabía, o quería, representarla.

En 'Casi me muero' haces todo un recorrido por tus vivencias para encontrar sentido a lo que has vivido en los últimos años, cuyo detonante fue una sobredosis. Las personas de tu generación no crecieron con los afectos o el cuidado en el discurso mainstream, pero sí mucha presión por las expectativas del sistema heteronormativo. ¿Qué ha supuesto para ti y tú bienestar escribir este libro, en relación con las complicadas cuestiones que tratas en él?

Si el libro fuese un mapa, en realidad la recomposición era mucho más complicada que la adicción a sustancias en general. Claramente me abro en el libro sobre cómo no era solo a las sustancias, sino también a la aprobación. Además, había que recomponer una autoestima; para ello tenía que hacerme una especie de autopsia. Tenía que analizar, abrir, remover y entender para poder perdonarme a mí mismo por haber tomado esas decisiones equivocadas. Aunque algunas fueran por contexto, circunstancias y por no formar parte de la normatividad, muchas decisiones fueron tomadas por una persona adulta consciente. Tenía que pasar por ahí, porque me cuesta sanar y trascender lo que no entiendo. Necesito entender, soy muy curioso desde pequeño, por eso tenía que ponerme a hilar tan fino y a revisar cosas como mi paso por la escuela, como me dinamizaba a mí mismo entre mis compañeras o con los profesores para poder entender de dónde venía esa rotura y esa herida que el libro me ha ayudado a entender que al no estar sanada, por mucho que de mayor encontrará el éxito y la realización, no estaba sanada, ni entendida ni cicatrizada, y por eso tuve una vida adulta que es como una especie de extensión de la adolescencia; algo que creo que le pasa a mucha gente del colectivo.

Y concretamente, el proceso de plasmarlo todo al papel ¿ha resultado en una catarsis que te haya ayudado?

Escribirlo no ha sido fácil, pero ponerlo a la venta y realizar las primeras entrevistas y vivir las primeras reacciones ha sido casi más vertiginoso que la propia escritura, porque es una expresión muy grande de cosas privadas, muy íntimas; hay mucha sordidez en el en el en el libro. Me ha generado mucho vértigo y aunque no fuera lo que tenía más presente sabía que me llevaría a darle la vuelta y a poder perdonarme, y a estar en paz con todo esto, pasar ese túnel de la incomodidad de verte una doble página de un diario de Cataluña. Además de poder estar en paz, uno de los objetivos era llegar a no sentir vergüenza, y lo he conseguido.

Leer el libro es toda una experiencia. Hay un relato que es tuyo propio e individual, pero que está atravesado por cuestiones estructurales, y con las que muchas personas del colectivo nos podemos sentir identificadas. Una de las ideas que aparece es la familia, algo muy presente a nivel generacional estamos viviendo. Es muy bonito leer las reacciones de tu padre y tu madre ante tus experiencias, es verdaderamente inspirador. ¿Cómo ha sido también para tus padres este proceso? ¿Han leído el libro?

Sí lo han podido leer. Yo he tenido mucha suerte con mi familia, habrá habido incomprensión o falta de herramientas por matices contextuales: la brecha generacional se nota, pero tengo mucha suerte porque el apoyo siempre ha estado ahí. Mi padre era una figura más ausente, como describo al principio del libro, pero con los años nos hemos ido acercando. Así que ese colchón, lo primero que me ha llevado a tener es libertad, -quizás a veces exceso de libertad- pero es que cuando vienen retos como estos, tener la posibilidad de no dudar en tomar este riesgo es otra cuestión esencial. Quien más pavor me daba que leyeran estas cosas era mi familia; yo en su día salí del armario en cuanto a mi sobredosis, se lo conté pero no tenían los detalles. Así que cuando empecé a escribir me pregunté ¿Qué tipo de gente me va a leer? Y es gente que va que ha trabajado conmigo, gente que se ha acostado conmigo, personas con las que he tenido relaciones románticas, amigos y familiares.

Se han leído el libro, y no han hecho muchas preguntas incómodas. Cuando les conté la verdad sobre lo de la sobredosis ya se hicieron algunas, hace un par de años atrás y ahora creo que existe cierta preocupación por no haber estado; sobre todo el sufrimiento mi madre, de no haberlo notado, de no haber estado ahí. Yo les he dicho que ahora no es momento de hacer ese examen y que esto para mí era un acto que tenía que hacer para mí, sobre todo para para dejar de vivirlo con vergüenza y ser capaz de mirarme con compasión. Al final yo me tenía que ayudar a mí mismo. No era capaz en ese momento; ni la madre más más paciente ni el padre más informado sobre las drogas podían ayudarme. Así que aunque hay momentos incómodos, en realidad me está trayendo conversaciones y experiencias muy bonitas con la familia.

Hablas también sobre la terapia, con la que ha sido importante poder contar. Concretamente de un ejercicio que haces con tu psicólogo, que es una regresión al pasado. Algo muy simbólico, en el que empieza el malestar, la incertidumbre, el no saber… y en ese recorrido pues tú te encuentres con tu Jordi de pequeño, le des un abrazo, le hagas una broma sobre las Spice Girls, y le cuentes que lo que hoy es su pasatiempo por las tardes en su habitación se va a convertir en su profesión. En el libro el concepto de cultura está todo el rato presente. ¿Por qué crees tú que ha sido para ti tan importante la cultura?

Supongo que me ayudaba a encontrar las respuestas de preguntas que me hacía, algunas tan abstractas como porqué el mundo es tan triste. Me impactaban las noticias y las guerras que había en los 90, y de repente la cultura y el entretenimiento eran un lugar donde estaba todo bien. Me llamaban la atención los artistas pop, pero también las Mama Chicho, los programas de entretenimiento de Telecinco, ese momento tan opulento en los 90 que era la grandeza del mundo del espectáculo. Me pasaba muchas horas viendo la tele, incluso humoristas como Los Morancos, Ángel Garó, Martes y Trece; esa cosa de reírse del mundo me sedujo muy pronto, y me ayudó también a desarrollar esta idea de hacer el payaso en clase cuando los estudios no iban bien.

También abordas los problemas en el colegio, algo que abre una brecha estructural. En tu relato esa época fue difícil y ha tenido muchas consecuencias. La falta de cuidados por parte del profesorado, el miedo al fracaso escolar, el bullying… Y sin embargo, al igual que las personas queer sentimos incomodidad y falta de pertenencia a las actividades deportivas, sí que encontrábamos cierta seguridad en las artísticas. ¿Fueron refugio para ti?

Sí, yo sentía mucho alivio en las clases de plástica y música, las disfrutaba muchísimo, era donde se generaban más conversaciones, recuerdo que ahí estaba todo bien. Eran por la tarde, había otra luz, los profesores eran como un oasis. Los oasis de mi vida, porque al final en la escuela pasabas muchas horas, el patio con los niños, mi refugio en casa en mi habitación… Todo esto era en espacios de alivio donde sentía que no había amenaza, no había que estar alerta. Además de la alerta del fracaso escolar, luego llegaría el bullying…

La sensación constante de alerta, según los expertos, suele ser el primer síntoma de la ansiedad. Ésta está terriblemente presente en las vidas LGTBIQA+, sobre todo de algunas generaciones. ¿Qué has aprendido todos estos años estos años sobre tu salud mental?

Esto es lo que me pone más triste de todo. Porque no era mío esto, ¿sabes? Estaba todo bien hasta que todo eso ocurrió, y no era mío. Yo tenía una personalidad, un carácter, pero no hacía daño a nadie, hacía caso a mis padres. Era un niño educado, se me podía llevar a cualquier sitio, no gritaba. Entonces ¿por qué tuve que convertirme en una persona de comportamientos obsesivos, ansiosa, e incluso adicta? Yo me intento responsabilizar hasta cierto punto, pero hay cuestiones que son sistemáticas y de contexto. Me da mucha pena porque no escogí esta vida, no escogí tomar pastillas para dormir a los 40 años, me enfada muchísimo. Hay muchas personas que no tienen que vivir con ello, y obviamente hay situaciones mucho más complejas con problemáticas añadidas, como las de las personas racializadas olas personas trans. Pero me da mucha rabia que simplemente haya personas que por ser como somos, debamos tener el videojuego en pantalla más difícil. No es justo.

(Jose R. Señorán)

Quiero saltar ahora, cuando llegas al instituto, que entiendo que no se abandonan las complejidades, pero sí que aparecen nuevos mundos, nuevas posibilidades, nuevos amigos, otro tipo de personas. Por supuesto, la cultura que entiendo que sigue estando presente en tu vida empieza también a plantearse de otras formas, con otros sonidos, con cosas muy emocionantes.

La relación con la cultura empieza a convertirse en una posibilidad identitaria en el instituto. Me encanta resaltarlo porque ahí ya sí que encuentro un traje que va conmigo. Los tíos se metían conmigo, las tías por lo menos eran un poco más más guay en el colegio. De repente en el instituto, a los 17 años, llegas y descubres las tribus urbanas: es muy importante sentir que formas parte de algo. Ese momento fue muy crucial para mí.

¿Qué sonido tiene para ti esa etapa de crecimiento en tu vida? En el libro además hace esa reflexión sobre cómo las divas del pop aparecen en nuestras vidas cuando somos un poco más jóvenes. Y luego en la adolescencia sí que encontramos otras cosas. Sonidos más agresivos, las guitarras, electrónica, y otro tipo de manifestaciones.

Creo que tracé una identidad como muy transversal porque era estética, era de sonido, era de tipos de chico también con los que me relacionaba o que me podían atraer. Yo viví lo que era ser 'moderno' de 2003 a 2005 en España, que en realidad estaba muy relacionado con el revival del yeyé, la estética poppy, o la vertiente mod para los más guitarreros. Pero para los poperos, las chapitas, La Monja Enana, en fin, ese era mi mundo. Ese era mi mundo. Tuve mi momento oscuro con Mary Manson pero no me duró tanto. En cambio el momento 'moderno' del Contempopránea, el FIB, Razzmatazz... Eso me trajo amistades, novios, las primeras inquietudes creativas de poder convertirme en diseñador gráfico pero también dj. Y los grupos, Los Fresones Rebeldes; Nosoträsh, o La Casa Azul, que en ese momento que era el grupo fantasma.

Y por supuesto, la traducción de todo este momento 'moderno' en internet se llamaba Fotolog, que es historia cultural de nuestro país. Recuerdo claramente el tuyo como uno de los más destacados del momento, y de toda esta escena en Barcelona, con el revival de la estética poppy y yeyé, pero también la vuelta del electro-pop. Algo que, además, se replicó en muchas de las ciudades de la geografía española.

Recuerdo que al principio se llamada 'Relleno de chicle'. Fue una especie de re-movida, totalmente. Primero lo viví como consumidor, pero me di cuenta de que este movimiento era muy abierto, de repente había gente que conocía que tenía un grupo, otro que era dj, y era todo muy accesible. Ahí, de repente, encontré una figura que encajaba al 100% conmigo porque a mí la música me encanta, pero yo no soy cantante. Y en la figura del dj encontré lo que conectaba todo con respecto a mi identidad, y me llevaba a cómo yo me había expresado años antes con mis amigas y los recopilatorios. Por eso en el libro hay 'tracks' y no capítulos, porque era una manera de hacer mis primeras curadurías. Por eso estoy donde estoy ahora, porque ese Jordi se atrevió con el Fotolog, se descargó un programa para crear una sesión, y se puso a pegar a puertas hasta que empecé a conseguir poder dedicarme a esto. Y ahí, ese Jordi que siempre se había leído a sí mismo como un cobarde, como alguien que no se atrevía, de repente empezó a enfrentarse a retos, a pesar de todo.

Aquí hay una clara señal de generación DIY: ¿Cómo ves el panorama actual en este sentido? A veces da la sensación de que hay muchísima gente generando cultura y emitiendo un mensaje y no todos estamos preparados para recibirlo precisamente porque, entre otras cosas, sentimos que no tenemos tiempo suficiente

Yo miro hacia atrás, y veo que esa explosión de posibilidades que para mí ha sido crear, también me llevó a trazar una identidad que durante un tiempo para mí estaba únicamente sostenida en lo que hacía. Y verme sólo como una persona profesional es algo muy capitalista. Y lo he querido rectificar en los últimos años; por ejemplo al terminar mi programa en televisión (Habitació 910, de betevé), durante nueve temporadas, me tomé un parón que me permitió escribir el libro, y me dejó ver que yo también soy muchas otras cosas aparte del Jordi comunicador. Es sano disfrutar por disfrutar. Porque además pasan muchas preguntas por ahí… tienes que vivir en este sistema, tienes que producir porque tienes que pagar facturas vale, pero ¿soy más rico si facturo más o si gasto menos y entonces tengo que trabajar menos? Esas preguntas no me las hacía antes, y ahora mismo es súper importante, sobre todo en el sector cultural. Creo que para poder vivir cómodamente no tengo que estar zumbado o no poder dormir. Lo tenemos súper normalizado; pues a lo mejor facturaré menos pero tendré tiempo libre, realmente pienso que es necesario que también seamos aparte de hacer. Es muy difícil porque abres la puta pantalla y es una abrumación continua.

«Existe cierta superioridad moral con respecto al consumo de drogas. No eres mejor persona por no ser adicto»

Jordi Chicletol

La valentía es clave en tu historia tras un punto de inflexión en tu vida que fue una sobredosis. La dificultad de procesar eso, de recuperarte, de colocarlo en un lugar seguro, de aprender a relacionarte con ello y ahora poder contarlo de forma artística no debe haber sido nada fácil. Una de las cuestiones que más han salido a la superficie de la conversación social con motivo del orgullo son las formas de ocio y la normalización del consumo en los espacios gays. ¿Cómo ves tú lo que está ocurriendo, después de haber vivido una experiencia como la tuya?

A mí el fenómeno chemsex casi me pilla, pero quizás fue ese Jordi cobarde el que me protegió de eso. Ahora que estoy volviendo progresivamente a pinchar a ciertos espacios de los que me he ausentado para mi recuperación, ves cosas, ves gente, y ves muchas drogas. Me puede irritar pero la realidad es que lo veo con mucha compasión porque yo fui esa persona que necesitaba escapar de la realidad. Creo que en esta manera de relacionarnos sí que hay un tema de abuso de poder y de la masculinidad tóxica, pero también es producto de esa vida que nos ha tocado vivir en la otredad, desde pequeños, escondidos. Entonces creo que también merecemos ser un poco compasivos entre nosotros porque hay veces que en el propio colectivo hay mucho prejuicio. He tenido que escuchar cosas también de gente cercana que son difíciles… Yo lo viví así y esto no me convierte en una persona menos válida, ni menos valiente. Las estadísticas nos dicen que los barrios pobres es donde más heroína hay, todo esto no lo elige la gente, la adicción es un tema estructural y creo que dentro del colectivo pienso que a veces aparece como forma de supervivencia, pero existe una especie de superioridad moral cuando se habla de las drogas. Lo cuento en el epílogo: «¿qué quieres tu premio por no ser adicto?» Es que no eres mejor persona. Algunas hemos tenido que atravesar unas luchas que a lo mejor otros no, no todo el mundo dispone de las mismas herramientas y hay ciertos temas como la sexualidad, las drogas o el dinero que a veces se articulan como jerarquías morales.

¿Cómo ves la situación en España con respecto a los derechos LGTBIQA+ desde una mirada general?

Creo que es una de las cosas que a mí me hace sentir orgulloso de ser español, sobre todo sales a otros países. Yo no reniego de mi bandera porque se la hayan apropiado unos gilipollas. Aparte de que fuésemos de los primeros en legalizar el matrimonio homosexual, como símbolo ahora mismo España es en mi opinión un país que avanza y eso me enorgullece. Ya puede venir el PP y quitar cosas; ahí estaremos porque ya nos han empoderado varios gobiernos que nos han ayudado a salir de la otredad. Claro, tengo miedo de que ganen las derechas y creo que es muy probable que pasen en España, creo que es una hostia que nos vamos a meter. Y si ocurre, nos tendrán enfrente.

Hemos hablado de distintas épocas musicales: ahora mismo, ¿con qué canciones te quedas que creas que simbolicen el momento en el que estás?

Pues una de ellas es 'Aquamarine' de Addison Rae, me encanta. Tiene unos versos en los que habla de que se está transformando y realineando. Entonces si está viviendo lo que yo estoy viviendo con casi 40 ella con 24 que tiene, me alegro mucho por ella (risas). Y por otro lado 'Butterfly' de Marina (and the Diamonds) que también habla de que para seguir avanzando tienes que sacrificar partes de ti, y en todo mi proceso yo tuve que sacrificar. En el libro hablo mucho de eso de matar al personaje; en realidad lo que tenía que hacer era domarlo pero es bonito también soltar el apego. Yo tuve mucha pena con soltar gente después de la sobredosis, y tuve mucha pena también a la hora de despedirme de partes de mí. El duelo ya está pasado, ahora soy una versión que es como la mariposa, que en realidad tiene cositas de los otros Jordis

¿Va a haber un segundo libro? ¿Y en ese caso, de que crees que tratará?

Lo tengo súper claro. Sabía que en 'Casi me muero' la vértebra iba a ser yo, el relato de superación, pero para mí el relato de superación también pasa por las relaciones que he tenido, por los vínculos familiares. Yo tengo un manojo de cosas de aprendizajes con mi unidad familiar a nivel salud mental, y al escribir el libro me daba cuenta de que no cabía todo. No cabían los novios, ni el poliamor, o las amistades así que el siguiente, como persona a la que le encantan las personas, y como antropólogo frustrado, irá sobre las personas y los vínculos y el amor, porque el amor para mí ha estado ha estado presente en todo.

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