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Christian Mira, cantante: «Hay géneros musicales que están más asociados a una determinada orientación sexual»

Christian Mira, cantante: «Hay géneros musicales que están más asociados a una determinada orientación sexual»

El artista andaluz hace un repaso por sus últimos trabajos, además de reflexionar sobre las dificultades de las carreras independientes

Víctor Rojas

Hay artistas que crean desde la memoria y otros que necesitan transformarla para poder reconocerse en ella. Christian Mira pertenece a esa segunda categoría. Nacido en Málaga en 1992, hijo de un fotógrafo y una bailaora y cantante flamenca, ha construido su lenguaje a partir del cruce entre tradición y experimentación, entre la raíz andaluza y la libertad encontrada en Londres. Tras 'Mi Querencia', su primer EP, regresa con 'El Descampao del 67', un proyecto de ocho canciones que convierte la historia familiar, el flamenco, la psicodelia, la electrónica, el alt-rock y el imaginario queer en un territorio propio.

El descampao de su infancia —ese espacio entre el barrio y el campo donde confluyeron sus primeros imaginarios— se transforma ahora en un estado mental: una guarida donde desprenderse de los estereotipos, escapar de las normas y llegar transformado. En 'El Descampao del 67', Christian Mira revisita las referencias musicales de sus padres para conectarlas con su propia identidad y con una sensibilidad contemporánea, libre y queer. Un universo donde lo rural y lo urbano, lo ancestral y lo experimental, la inocencia y el deseo conviven sin pedir permiso.

Acabas de lanzar 'La Camisita', el cuarto adelanto de 'El Descampao del 67'. ¿Qué representa esta canción dentro del universo narrativo del EP?

La Camisita diría que es la canción que más sitúa al EP en el presente, aquí quería conectar Andalucía con mis referencias de electrónica un poco más experimental y textural. A nivel conceptual, quería hacer un tema que evocara evasión, que fuese immersivo y se sintiera ligero y fresco. Dentro del EP, La Camisita simboliza la frescura, la liberación, pero también tiene ese balance entre inocencia y deseo, que creo que está muy presente en todo el proyecto.

En el videoclip, la naturaleza queer ocupa un lugar central y desafía ciertas masculinidades tradicionales. ¿Qué querías contar a través de esas imágenes?

Quería sobre todo representar esa sensación de liberación que tiene la canción, y para eso necesitaba romper con varios estereotipos, que al final de un modo u otro sucede en todos los visuales del proyecto. Junto a Hanna Fransson y Julianna Persson (directoras del videoclip), buscábamos conectar la cotidianeidad andaluza con la libertad que se respira en Londres, y darle esa nueva perspectiva a experiencias comunes. Quizá de manera utópica u onírica.

El 'Descampao del 67' parte de la historia de tus padres y de tu propia infancia. ¿En qué momento te das cuenta de que esa memoria familiar podía convertirse en un proyecto artístico?

Preparando mi tesis en Londres echaba mucho de menos Andalucía y revisar estas referencias me acercaba, era como si me trajese esa esencia andaluza a la escena londinense. Estos glitches me hicieron reinterpretar toda esa música con visuales disruptivos y conceptos que a simple vista eran muy distantes pero me representaban. La representación de la raíz pero con esa transformación. Por ser mis padres quien me introdujeron esa música y me dieron ese imaginario, quise conceptualizarlo en torno a ellos, el pueblo de mi familia paterna, el barrio de mi familia materna y colaborar de forma directa con ellos.

Tu madre y tu padre participan de forma muy directa en el EP. ¿Cómo ha sido trabajar con ellos desde una perspectiva artística?

Ha sido una experiencia muy especial, hemos compartido y nos hemos conectado a este nivel tan profundo para crear algo juntos. También el hecho de rescatar un poco sus referencias musicales y darles esa representación ha sido como conectar nuestras generaciones de alguna manera. Creo que a ellos también les ha movido algo el hecho de sumergirse en esa conceptualización y en los temas que trata este EP. Sinceramente, ha sido distinto a cualquier otro proyecto creativo en el que haya trabajado y que trabajaré seguramente.

El flamenco aparece en tu música como raíz, pero dialoga constantemente con la electrónica, el art rock o el trip hop. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre los distintos géneros?

En realidad esa mezcla siempre ha estado ahí. El flamenco para mi ha sido el puente para conectarme con mi familia y el entorno. Aunque escuchara otros géneros el flamenco siempre ha estado ahí de algún modo u otro, aunque he de decir que no lo he escuchado más que otros géneros. Es una relación extraña; puedo irme muy lejos, estar en un momento más art pop, más grunge o experimental, pero el flamenco siempre está ahí, influenciándome aunque sea inconscientemente y siempre conectándome con alguna parte de mi. Para este proyecto en particular estudié más a fondo estas referencias, modulaciones vocales para 'aflamencar' mi voz, variaciones de polirritmia y compases compuestos. Mi intención con esto era acercarme a este género para acercarme también a mi raíz. Siempre da un poco de vértigo por el respeto que ya supone el flamenco en si, pero también por alejarme tanto de mis otras referencias musicales y por las etiquetas que te puedan asignar.

Has definido este trabajo como una narración identitaria y queer. ¿Crees que sigue siendo necesario reivindicar otras formas de vivir la masculinidad dentro de los entornos vinculados al flamenco o a la cultura popular?

Creo que aún hay muchas limitaciones en cuanto a códigos identitarios, en el modo de relacionarnos en lo social y eso también influye en lo creativo. En lo que respecta a la música, veo que hay ciertos géneros que están más asociados a una determinada orientación sexual y la aceptación de estos artistas o proyectos va de la mano de esa concepción. He visto más artistas LGTBIQ+ asociados a la escena electrónica pop que por ejemplo al folk, rap o incluso flamenco. Pienso que esto esto está más conectado a estereotipos y una falta de diversidad auténtica. Si hubiese más espacio para la experimentación real y la hibridación cultural sin prejuicios y sin una crítica destructiva, creo que al final la cultura pop se transformaría y con ello los hábitos de consumo. Se abrazaría un poco más lo diferente y lo experimental. Esto lo noto mucho en todos los ámbitos desde que volví de Londres. Si salgo a la calle como salía allí, expresando mi identidad y sin sentirme limitado, me encuentro siempre con algún rechazo directo o indirecto, comentarios, etc. A pesar de ello lo hago, pero eso a veces limita tu libertad y tu capacidad creativa, y por eso también decidí reivindicar esa 'liberación' en este EP.

El título del proyecto remite a un lugar muy concreto de tu infancia. ¿Qué simboliza hoy para ti ese 'descampao'?

Ese 'descampao' es más como un estado mental, una guarida donde poder despojarse de la carga de la que hablábamos antes, esos estereotipos. Un espacio donde llegas transformado, liberado, y te encuentras con algo que permanece y siempre te abraza a pesar de casi no reconocerte. Una especie de templo al aire libre, donde hagas lo que hagas estás formando parte de él, y el espacio también se vuelve parte de ti. Era una imagen que me rondaba mucho en mi último año en Londres y me di cuenta de que representaba esa conexión atemporal y ese nexo entre lo urbano y lo rural.

En tu trayectoria hay etapas muy diferentes: Málaga, Madrid y Londres. ¿Qué te aportó cada ciudad como artista y como persona?

Andalucía me ha aportado mucho a nivel conceptual. La forma de vivir el día a día en el barrio y en el entorno rural es completamente diferente a otros sitios, los detalles cotidianos se magnifican y hay una conexión diferente con la naturaleza y el entorno en general. Ese alma es lo que me ha aportado y me sigue aportando, aparte del contacto directo con la música de la calle, sin pretensiones. Madrid fue más una época de descubrimiento personal, de crecimiento formación tanto musical como personal. Londres me ha aportado liberación, experimentación sin miedo al fallo. Creo que también yo estaba más receptivo o preparado a recibir esos estímulos, a lanzarme en muchos aspectos y mudar esa piel. En Londres he podido mutar, quizá porque el entorno en si es muy cambiante, la multiculturalidad, el cruce constante de disciplinas y el ritmo cultural y social te empuja y te sacude.

Tu primer EP, 'Mi Querencia', era muy introspectivo. ¿Qué evolución percibes entre aquel trabajo y 'El Descampao del 67'?

Veo un gran cambio en lo personal por supuesto (ha pasado mucho tiempo), pero también en cuanto a la hora de asumir riesgos. El Descampao supone más disrupción en cuanto a la mezcla de concepto underground o queer con elementos tradicionales o incluso folklore, cosa que en mi EP anterior no tocaba. Supongo que la mayor evolución ha sido mi transformación personal, que me ha aportado mucha más seguridad y a su vez me hace sentir más libre a la hora de tomar decisiones creativas. A nivel de contenido también me doy cuenta de un aumento de fuerza en las composiciones y los mensajes de las canciones, El Descampao tiene algo más visceral y eléctrico. Mi Querencia al final era un diálogo conmigo mismo, era una etapa muy diferente de mi vida y al final en el proyecto queda reflejada esa sensación de confusión y vulnerabilidad.

Tus referencias van desde Camarón o Las Grecas hasta David Lynch, David Bowie o Nicolas Roeg. ¿Cómo conviven todas esas influencias en tu proceso creativo?

Siempre han convivido de hecho, desde pequeño cuando ya me tocaba el flamenco a través de mi familia y mi madre, yo por mi cuenta consumía mucho cine surrealista, indie e incluso fantasía oscura. Recuerdo desde niño escuchaba música clásica y árabe, trip hop o electrónica de forma casi obsesiva. Este cruce de referencias al final son mi identidad y mi forma de incorporarlas a mi trabajo ha sido muy orgánica. Hay un elemento muy visual en mi forma de componer que está directamente vinculado con mi influencia de Lynch, Gregg Araki o Roeg. Tener este input visual en el proceso de composición ya me ayuda a 'ver' el proyecto y poder incorporar el resto de influencias en mayor o menor medida, dependiendo del momento en el que esté.

Spotify España te ha incluido recientemente en playlists destacadas como Jaleo, Novedades Flamenco o Fresh Finds. ¿Cómo estás viviendo este momento?

Estoy muy contento de ver que este trabajo está teniendo una acogida tan buena, y sobre todo que esté abriéndose camino hacia otras audiencias más alejadas del flamenco como tal. Ha sido un hito ver que el equipo editorial de plataformas como Spotify esté apoyando este tipo de proyectos cien por cien independientes y estoy enormemente agradecido por ello

También has pasado por escenarios como La Térmica, el MADO o la semifinal de Emmerge Málaga Music Talents. ¿Sientes que la industria está empezando a mirar hacia propuestas que rompen con las etiquetas tradicionales?

Siento que estas propuestas tienen más cabida que antes por supuesto, que cada vez hay un poquito más, pero también es cierto que la representación sigue siendo la minoría. Hay una diferencia entre un proyecto comercial que pretende ser alternativo a un proyecto independiente que es puramente disruptivo. No obstante, puedo ver la diferencia de aquí a unos años atrás y cada vez hay más apoyo a lo alternativo a través de asociaciones culturales y movimientos independientes y también más visibilidad a proyectos más experimentales.

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