'El bañador', el cortometraje que convierte un verano en el despertar del primer amor
El proyecto de Cristian Valenciano, protagonizado por Álvaro Nohales y Quique Vicente, aborda el despertar (homo)sexual de un adolescente y compite en la Sección Oficial del Guadix Iridiscente Festival Internacional de Cine
Una historia aparentemente inocente, protagonizada por dos amigos y un bañador. Un bañador 'mágico' que sirve de hilo conductor para narrar el despertar (homo)sexual de un joven que, durante un verano, deja atrás la infancia para adentrarse en la adolescencia. Así es 'El bañador', el cortometraje dirigido por Cristian Valenciano y protagonizado por Álvaro Nohales y Quique Vicente, que compite en la Sección Oficial de Cortometrajes de Ficción del Guadix Iridiscente Festival Internacional de Cine (GIFIC).
La historia nació hace dos años, cuando Valenciano cursaba el Máster de Guion de la ECAM. El cineasta escribió el guion y se lo hizo llegar a Gorka Magallón, coordinador del máster y ganador de un Goya al Mejor Guion, quien le dio un «buen feedback». Animado por esa valoración, presentó el texto al Festival de Altafulla, donde quedó finalista. Fue el impulso definitivo para llevar la historia a la pantalla.
«Es una historia de ese paso de la infancia a la adolescencia y de esa cercanía con tu mejor amigo, de ese despertar sexual que tienen los protagonistas», explica Valenciano en conversación con SIX. Para Álvaro Nohales, el cortometraje conecta especialmente con quienes han vivido un despertar afectivo y sexual marcado por la incertidumbre. «Creo que todas las personas que pertenecemos a la comunidad nos sentiremos un pelín reflejadas con este Miguel», señala el actor. Su personaje comienza a descubrir que «no todo es tan sencillo como parecía» y que existen «un montón de formas de amar».
Un verano para descubrirse
'El bañador' sitúa su historia a comienzos de los años 2000, en un momento en el que la tecnología todavía no formaba parte de la vida cotidiana de los adolescentes como ocurre hoy. Valenciano quería recuperar precisamente ese contexto para contar una historia de amistad, curiosidad y descubrimiento. «Son como las típicas historias que nos pasan de pequeños con nuestros amigos», explica el director.
En ese verano de 2003, sin móviles ni internet, dos amigos comparten juegos, intimidades y confidencias. Entre ellas aparece el supuesto poder de un bañador mágico: Javi siempre consigue ganar a Miguel cuando compiten por aguantar más tiempo debajo del agua porque, según él, su bañador tiene poderes. La anécdota infantil acaba adquiriendo otra dimensión cuando Miguel empieza a mirar a su amigo de una manera diferente. «No sabe si su amigo, de verdad, le está dando esas señales porque le gusta o no. Entonces tiene que ir un poco con pies de plomo», cuenta Nohales.
La incertidumbre es uno de los elementos que atraviesan el cortometraje. Miguel está descubriendo qué siente al mismo tiempo que intenta averiguar qué siente la otra persona. Y lo hace en una época en la que la comunicación entre ambos está condicionada por la distancia y la ausencia de tecnología. Tras un momento de intimidad, Javi se marcha al día siguiente sin que exista siquiera la posibilidad de una despedida. Al no disponer de móvil, ambos tendrán que esperar hasta el verano siguiente para volver a verse. «Se te queda ese sabor amargo, pero bueno, al final era un poco cosa de la época», explica Valenciano.
Cine social
Aunque 'El bañador' aborda cuestiones vinculadas a la identidad y al despertar homosexual, Nohales no entiende el compromiso social como una etiqueta que deba limitar su trayectoria. Lo que busca, sobre todo, son proyectos cuidados y con una razón de ser. «Siento que, al final, el arte es político, el arte es social, y contar historias es muy importante para que la gente las vea y se sienta identificada», afirma.
Su prioridad, explica, es participar en proyectos «tan cuidados y tan pensados» como el de Valenciano, independientemente del género. «En el momento en el que un proyecto esté hecho con mimo, esté hecho con cariño y venga desde un lugar al que al director y al equipo de guionistas les haga sentido contar, yo voy a estar súper orgulloso de poder formar parte», señala.
Esa vocación de dar visibilidad a historias sociales también conecta con el espíritu del GIFIC. Para Valenciano, participar en el festival de Guadix era especialmente importante después de que el cortometraje haya tenido una buena acogida en el circuito internacional. «Me hacía mucha ilusión porque he visto que había proyectos muy buenos, también de temática social, que yo creo que también es importante», apunta.
Proyectos futuros
Para Nohales, 'El bañador' supone además su primer proyecto audiovisual profesional. El actor, que estudiaba en la Escuela TAI de Madrid, llegó al cortometraje a través de uno de sus profesores, que hizo llegar su contacto a Valenciano. Después del casting y de varias pruebas, consiguió el papel de Miguel. «Cuando vi el equipo y tuve la experiencia, dije: «Vale, esto es algo más grande de lo que pensaba»», recuerda.
Aunque este es su debut profesional en el audiovisual, Nohales cuenta con experiencia en teatro. Junto a varios amigos ha creado la compañía Estrellamiento, con la que prepara 'Sueño con el fin del mundo', una obra que, además de interpretar, codirige. El teatro le está permitiendo explorar también su faceta como creador y director. La compañía tiene previstas varias funciones en diciembre en El Umbral de Primavera, en Madrid.
El universo de 'El bañador', sin embargo, no termina con el cortometraje. Valenciano trabaja ya en el desarrollo de un largometraje basado en la historia, después de recibir una ayuda al guion del ICAA. La película ampliará el universo planteado en el corto y permitirá conocer mejor a sus personajes, sus amistades y todo aquello que queda fuera de los pocos minutos de metraje. «Se va a ver un poco más del universo de 'El bañador', más de los amigos, toda la trama que hay detrás y que no se ve», adelanta el director.
El proyecto encaja con el tipo de cine que Valenciano quiere seguir explorando: «historias íntimas, costumbristas, más personales, más sensoriales». Por ahora, el director tiene claro que quiere seguir profundizando en ese terreno. El siguiente paso será conseguir que ese universo que nació en un verano de 2003 pueda crecer hasta convertirse en un largometraje.