Arima León: «Natalia Sosa Ayala y Pinito del Oro fueron mujeres extraordinariamente valientes»
La directora debuta con 'Tal vez', un largometraje que rescata del olvido la relación entre la escritora canaria y la célebre trapecista a partir de su correspondencia durante el franquismo
La directora canaria Arima León estrena su ópera prima, 'Tal vez', un largometraje con acento canario que rescata el romance silenciado entre la célebre trapecista Pinito del Oro y la poeta Natalia Sosa Ayala. Con un reparto encabezado por Adriana Ugarte y Tania Santana, la película, que llegó a las salas de cine el pasado 10 de julio, es homenaje a la libertad y a la memoria histórica queer. Siete años después de cruzarse con esta historia casi por azar, la cineasta habla sobre el proceso de llevar esta historia al cine, la responsabilidad de rescatar referentes lésbicos olvidados, la dificultad de mirar el pasado sin juzgarlo desde el presente y el papel del cine como herramienta para conmover y reparar la memoria.
'Tal vez' rescata un amor silenciado entre la escritora Natalia Sosa Ayala y la trapecista Pinito del Oro. ¿Cómo llegó esta historia a tus manos y en qué momento supiste que tenías que convertirla en tu primer largometraje?
Realmente no fue una decisión muy consciente convertir esta historia en un largometraje. Cuando descubrí la conexión entre Pinito del Oro y Natalia Sosa Ayala, sentí que había algo muy poderoso ahí. Conocí la historia de Natalia dos meses después del fallecimiento de Pinito, en 2017. Buscando información sobre Natalia encontré un artículo que contaba cómo ella consultó con su tío el hecho de que Pinito le había pedido que fuera su biógrafa. Esa unión entre la literatura, el circo y el contexto franquista, tan gris y oscuro, me llamó muchísimo la atención. Después fue la propia Natalia quien terminó contándome su historia a través de las cartas publicadas en un libro de 1996. Muchas veces se habla de si fue un amor prohibido o un amor silenciado, pero lo cierto es que esa historia lleva publicada más de treinta años.
Empezaste a trabajar en la película en 2017. Han pasado muchos años desde entonces. ¿Cómo ha cambiado el proyecto durante todo ese tiempo?
La idea original se parece muy poco a la película que finalmente ha terminado siendo. Primero porque yo no estudié cine. Todo nació desde la inocencia y la osadía de alguien que un día decide que quiere contar una historia en un largometraje de ficción. Lo cierto es que he aprendido a hacer cine gracias a 'Tal vez'. He aprendido a escribir un guion, a construir una propuesta estética y a entender el proceso cinematográfico mientras hacía esta película. Igual que yo he evolucionado como persona y como cineasta, el proyecto también ha evolucionado conmigo.
El título de la película nace de un verso del poema 'Y sin embargo existe', de Natalia Sosa Ayala. ¿Por qué decidiste abrazar esa incertidumbre del 'Tal vez'?
Porque conecta mucho con la idea de que, si no recordamos nuestro pasado, es como si nunca hubiera existido. No solo habla de Natalia y Pinito, sino también de ellas como figuras culturales. Creo que los cineastas tenemos una responsabilidad a la hora de contar determinadas historias y reivindicar personajes que, si no hacemos ese esfuerzo desde el presente, corren el riesgo de quedar completamente anquilosados en el pasado.
Muchas personas descubrirán a Natalia Sosa Ayala y a Pinito del Oro gracias a la película. ¿Con qué imagen te gustaría que se quedaran de ellas?
Me gustaría que se quedaran con la valentía de ambas. Cada una intentó vivir la vida como quiso, dentro de las limitaciones que le impuso su época. Pinito se jugaba la vida todas las noches sin red. Había algo de esa adrenalina permanente que queríamos trasladar al personaje. Trabajé mucho con Adriana Ugarte para que sintiera siempre esa tensión, como si viviera constantemente sobre un trapecio. Así imaginaba yo a Pinito: alguien que convivía con el miedo, pero que seguía adelante. En el caso de Natalia, aunque vivió una vida marcada por la frustración, hizo todo lo posible por vivir como deseaba. Compartió tres años de su vida con su pareja, Inge, en la casa familiar y, cuando sufrió la hemiplejia, decidió marcharse para vivir sola. En uno de sus versos escribió: «Moriré junto al mar con el adiós anónimo del viento». Y, de alguna manera, así terminó ocurriendo. Aunque la película no lo muestra, decidió no tratarse el cáncer de mama que padecía y falleció en el año 2000 prácticamente frente al mar. Esa forma tan radical y honesta de afrontar la vida me parece admirable. A veces incluso asusta, pero precisamente por eso creo que ambas fueron mujeres extraordinariamente valientes.
Durante la investigación aparecieron cartas que nunca se encontraron o de las que incluso se sospecha que pudieron ser censuradas. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre el rigor histórico y la ficción?
Con las cartas intenté ser lo más fiel posible. Al final ellas contaron lo que decidieron contar y entiendo que existió algún tipo de pacto entre ambas para publicar esa historia. En el caso de las cartas de Pinito, que nunca aparecieron ni en su familia ni entre las pertenencias de Natalia, intenté reconstruirlas a partir de las referencias que la propia Natalia hacía en sus cartas a escritos anteriores de Pinito. Es verdad que esta historia podría haber dado pie a mostrar una relación sexual explícita. Pero ellas nunca lo contaron de esa manera. Sí hablaban de besos, de dormir juntas y de momentos de enorme intimidad, escritos además con una gran carga emocional y erótica. Sin embargo, decidieron llegar hasta ahí, o quizá nunca ocurrió nada más. También es posible que nuestra mirada contemporánea quiera completar unos espacios que ellas nunca sintieron la necesidad de definir. Hay un fragmento, que además aparece citado en la película, en el que Natalia escribe algo parecido a: «Quizás una noche entre las dos no hubiese sido tan loco ni tan descabellado como una se puede imaginar». Esa frase abre muchas preguntas.
«En el caso de Natalia, aunque vivió una vida marcada por la frustración, hizo todo lo posible por vivir como deseaba»
Arima León
Cineasta
También es importante situar esta historia en su contexto. ¿Ha sido difícil mirar su historia desde aquel momento histórico y no desde los ojos del presente?
Sí, totalmente. Creo que ha sido una de las partes más complejas del proceso: intentar no juzgar a los personajes desde la mirada contemporánea. Este fin de semana, por ejemplo, he leído algunas reseñas que dicen que la película romantiza una relación tóxica, que Natalia es demasiado violenta o que se bebe y se fuma demasiado. Y creo que, en ocasiones, esos comentarios olvidan el contexto histórico. No es lo mismo vivir tu sexualidad con el miedo constante a que te den una paliza o a que el propio Estado te persiga por amar a quien amas. Hoy sigue existiendo violencia, por supuesto, pero ya no está amparada por la ley como ocurría entonces. Natalia vivía sabiendo que podía ser criminalizada simplemente por desear a otra mujer. No se trata de justificar determinadas conductas, sino de comprenderlas dentro de su contexto.
La película también habla del franquismo y de una realidad muy poco representada: la de las mujeres lesbianas, cuya experiencia fue distinta a la de los hombres gais. ¿Sientes que 'Tal vez' tiene también una dimensión de reparación histórica?
Sobre todo, de reparación de la memoria. Más allá de Natalia y Pinito, la película pone sobre la mesa realidades que han permanecido silenciadas durante décadas. En España sigue habiendo muy poca producción cinematográfica queer y todavía menos centrada en mujeres lesbianas o bisexuales. Son muy pocas las películas que sitúan en el centro lo que significaba ser una mujer homosexual durante el franquismo o, incluso, en la sociedad española en general, que muchas veces también ha sido profundamente opresiva.
Has dicho alguna vez que buscas hacer «un cine que sacuda al espectador como una maraca». ¿Qué reacción esperas despertar en quien vea la película?
Para mí, cualquier reacción ya es un éxito. Creo que lo que más desea una artista es provocar algo en quien se sienta delante de la pantalla. Da igual que alguien salga fascinado, incómodo, emocionado o incluso enfadado. Si la película le recuerda a un familiar, a una persona que perdió o a un amor que nunca pudo expresar en voz alta, ya habrá cumplido su objetivo. Siempre digo que me gusta hacer un cine que sacuda como una maraca o como una ola que te revuelca en la orilla. Quizá sea porque vengo de una isla. Al final hago cine para conmover, y ese sería el mayor logro que podría alcanzar con 'Tal vez'.
También te alejas de la imagen de Canarias como simple postal turística. ¿La realidad social de las islas ha influido de alguna manera en la película?
Sí. Hay personajes con los que me he permitido cierta libertad para acercarlos a una sensibilidad más contemporánea, como ocurre con Peregrina Ayala, la madre de Natalia, interpretada por Antonia San Juan. Cuando hablé con la familia de Natalia me explicaron que Peregrina era, en realidad, una mujer profundamente republicana. Sin embargo, el personaje que construimos en la película no es exactamente esa mujer histórica. Con Antonia me interesaba representar a esa madre o abuela canaria que protege a toda la familia, una figura muy reconocible para varias generaciones. Ahí sí hay una parte de imaginario personal. Mis abuelas vivieron el franquismo y esa experiencia influyó mucho en la construcción del personaje.
«Creo que lo que más desea una artista es provocar algo en quien se sienta delante de la pantalla»
Arima León
Cineasta
Hablamos de Antonia San Juan, pero también de Adriana Ugarte o Salva Reina, nombres muy consolidados del cine español. ¿Cómo ha sido dirigir a un reparto de ese nivel en tu primera película?
Nunca me planteo la trayectoria de un actor cuando trabajo con él. A mí un actor me interesa o no me interesa por su trabajo, independientemente de su carrera. Además tuve la enorme suerte de que, aparte de ser grandes profesionales, todos eran personas maravillosas. Se creó una conexión muy bonita entre el reparto y el resto del equipo. No siento más presión por dirigir a alguien como Antonia, Adriana o Salva. Sí es verdad que con Antonia San Juan tengo un vínculo muy especial porque, para quienes crecimos en Canarias, ella es una auténtica institución. La primera persona a la que fui a ver al teatro cuando era niña fue precisamente Antonia. Además, es una de las pocas directoras canarias de cine y teatro que tenemos, y siempre ha sido un referente para mí. Dicho eso, intento trabajar con todo el mundo exactamente igual. Creo que esa es la mejor manera de construir una relación profesional sana.
¿Hubo algo que descubrieran los actores sobre Natalia y Pinito durante el proceso que no estuviera escrito en el guion?
Fue muy bonito verlo. En el caso de Salva Reina, por ejemplo, su personaje, Manuel Quintino, es completamente ficticio. Lo creé porque necesitaba un personaje que me permitiera mostrar la represión que sufrió la comunidad queer durante el franquismo sin alterar la biografía de ninguna persona real cercana a Natalia. Mientras preparaba el personaje yo había pensado en varios artistas canarios, especialmente en Pepe Dámaso. Y fue muy curioso porque Salva, por conexiones familiares y sin que yo se lo hubiera comentado, también llegó a Pepe Dámaso como referencia. Empezó a investigar cómo hablaba, cómo se movía y qué energía tenía. Aquello fue mágico porque ambos habíamos llegado al mismo lugar por caminos distintos. Con Adriana ocurrió algo parecido. Ella entendió muy bien los miedos de Pinito. Creo que esa es la clave de su interpretación. Trabajamos juntas sus fragilidades para alejarnos del estereotipo de la 'femme fatale'. Mucha gente describía a Pinito como una mujer fría, distante, muy bella y muy atractiva, pero eso no era lo que me interesaba explorar. Adriana consiguió mostrar toda la vulnerabilidad que había detrás de esa imagen y aportó muchísimo al personaje.
La película ya está en los cines. Más allá de esos comentarios sobre el contexto histórico, ¿qué respuestas te están llegando?
Hace unos días me escribió una chica canaria que vive en Valencia. Había visto la película y me dijo que le había emocionado recuperar un pedacito de nuestra historia que nunca le habían enseñado. También me decía que, estando a miles de kilómetros de Canarias, durante la película se había sentido en casa. Ese mensaje me llegó muchísimo. Para mí, 'Tal vez' también habla del hogar. Me gustaría que transmitiera esa sensación de calidez. A veces veo películas simplemente por el confort que me produce sentirme en casa, aunque la historia transcurra en Suiza o en Rusia. Me interesa mucho esa capacidad que tiene el cine para generar refugio, incluso cuando lo que cuenta no siempre es bonito.
«Antonia San Juan es una de las pocas directoras canarias de cine y teatro que tenemos»
Arima León
Cineasta
Has comentado que 'Tal vez' ha sido, en cierto modo, tu escuela de cine. Tú vienes del teatro. ¿Qué diferencias has encontrado entre ambos mundos?
La mayor diferencia está en la industrialización. El teatro sigue siendo un arte profundamente artesanal, mientras que en el cine, en ocasiones, da la sensación de que la industria termina imponiéndose al propio hecho creativo. Durante todo el proceso de 'Tal vez' intenté conservar esa artesanía del teatro dentro del cine. Era uno de los faros que me guiaban. No siempre es fácil porque los tiempos del rodaje son muy distintos, pero sentía que era importante mantener esa forma de trabajar para que la película tuviera una personalidad propia y una cercanía especial con el espectador.
¿Y estás pensando en nuevos proyectos?
Sí, tengo muchísimos proyectos, tanto en la cabeza como sobre la mesa. Algunos ya están escritos y otros están todavía en fase de desarrollo. Desde hace tiempo procuro trabajar siempre en varias historias a la vez. Aprendí que es la mejor manera de sobrellevar los 'noes', porque esta profesión puede ser muy frustrante. Si solo dependiera de un proyecto, probablemente me costaría mucho seguir adelante. Así que sí, ya estoy trabajando para que esos nuevos proyectos salgan adelante y pueda seguir haciendo lo que más me gusta: contar historias.