60 años de Le Smoking: cómo Yves Saint Laurent revolucionó la moda femenina
En 1966, Yves Saint Laurent transformó el esmoquin en una de las prendas más poderosas y sensuales del armario femenino. Sesenta años después, su influencia continúa intacta
Carla Domínguez
Hay diseños que resumen una época y otros que consiguen adelantarse a ella. Le Smoking, el esmoquin femenino que Yves Saint Laurent presentó en 1966, pertenece a esta última categoría. Sobrio, elegante y provocador, aquel traje negro cambió para siempre la manera de entender la ropa de noche.
Hasta entonces, el esmoquin estaba reservado prácticamente en exclusiva a los hombres. Saint Laurent tomó sus elementos más reconocibles —la chaqueta de solapas satinadas, la camisa blanca y el pantalón— y los adaptó al cuerpo femenino. Marcó la cintura, alargó la silueta y convirtió una prenda vinculada al poder masculino en una nueva forma de sensualidad.
Ahora que el traje forma parte habitual del armario femenino, cuesta imaginar la ruptura que supuso aquella propuesta. En los años sesenta, los códigos de vestimenta seguían siendo muy estrictos y algunos restaurantes y hoteles ni siquiera permitían la entrada a mujeres que llevaran pantalones.
Le Smoking se convirtió así en mucho más que una prenda de moda. Representaba independencia, seguridad y libertad para elegir cómo mostrarse ante los demás. Su sensualidad no dependía de los adornos ni de enseñar el cuerpo, sino de una chaqueta impecablemente cortada, una camisa ligeramente abierta y una actitud segura.
Aunque en un primer momento no convenció a la clientela más tradicional de la alta costura, pronto conectó con una generación joven que buscaba nuevas formas de vestir. Saint Laurent continuó reinterpretándolo durante toda su carrera, hasta convertirlo en uno de los códigos más reconocibles de la casa.
La fotografía que lo convirtió en un icono
La fotografía que lo convirtió en un icono
Buena parte del mito de Le Smoking está ligado a la célebre fotografía que Helmut Newton realizó en 1975. En ella, una mujer aparece de noche en una calle parisina, con el cabello peinado hacia atrás, una mano en el bolsillo y un esmoquin de Yves Saint Laurent.
La imagen era misteriosa, sensual y desafiante. La modelo no sonreía ni trataba de resultar complaciente, sino que ocupaba el espacio con absoluta seguridad. Aquella fotografía consiguió condensar todo lo que representaba Le Smoking y terminó de convertirlo en uno de los grandes iconos visuales del siglo XX.
También mujeres como Betty Catroux, amiga y musa del diseñador, ayudaron a definir esa nueva feminidad. Con su silueta andrógina, sus trajes oscuros y su actitud despreocupada, Catroux encarnaba a la perfección la mezcla de fuerza, elegancia y ambigüedad que fascinaba a Saint Laurent.
Un fondo de armario para toda la vida
Con el paso de las décadas, el traje pantalón dejó de ser una elección transgresora para convertirse en un imprescindible. Durante los años ochenta se consolidó como uniforme de trabajo, pero Le Smoking nunca perdió su carácter nocturno ni su capacidad para resultar especial.
Desde entonces, actrices, cantantes y referentes de estilo lo han elegido una y otra vez como alternativa al vestido sobre la alfombra roja. Se ha llevado con camisa y pajarita con tacones, sandalias o zapatos planos. También ha cambiado de proporciones: entallado, oversize, con pantalones rectos o de pernera amplia.
Por qué sigue siendo moderno 60 años después
Le Smoking continúa apareciendo en las colecciones de Saint Laurent y sigue inspirando a diseñadores de todo el mundo. La chaqueta negra, los hombros marcados, el pantalón impecable y el juego entre lo masculino y lo femenino forman ya parte del lenguaje de la moda contemporánea.
Yves Saint Laurent no fue el primero en mostrar a una mujer vestida con traje. Antes que él, figuras como Marlene Dietrich o Katharine Hepburn ya habían desafiado las convenciones. Su gran aportación fue convertir ese gesto individual y rebelde en una propuesta de moda elegante, deseable y duradera.
Sesenta años después, Le Smoking sigue representando la libertad de elegir. No vino a sustituir al vestido, sino a demostrar que la feminidad también podía expresarse a través de una chaqueta de hombros definidos y un pantalón negro perfectamente cortado. Y quizá por eso continúa siendo tan moderno como en 1966.