4 de 10 personas trans han intentado quitarse la vida en al menos una ocasión
Según los últimos estudios, los espacios o instituciones que refuerzan la afirmación de género presentan una tasas de suicidio mucho menores en el colectivo T
Estar en el punto de mira no sale gratis. La discriminación constante que viven ciertos colectivos, tampoco. Por ello, a la hora de hablar sobre el suicidio es necesario hablar de las personas trans. Y, si hablamos del suicidio en las personas trans, tenemos que profundizar en qué ocurre y por qué.
No hay muchos datos, especialmente si nos centramos en España, que aborden esta cuestión. Pero los pocos que hay son más que alarmantes. Según el estudio «Transaludes: salud en personas trans y/o no binarias» de 2024, el 75% de las personas trans ha pensado seriamente en quitarse la vida. En lo que respecta a intentos de suicidio, el 37,67% alguna vez lo ha intentado.
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Para comprender la gravedad de estos datos es necesario contrastarlos con la población general. Un estudio de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) apuntaba a que en 2024 la ideación suicida en la población general alcanza el 5,4%. En otros países, las tendencias son similares.
Una diferencia tan significativa despierta muchas dudas y, sobre todo, la necesidad de soluciones. Quizá la primera reacción puede ser asociar este fenómeno exclusivamente al malestar con el propio cuerpo o a un rechazo de la identidad propia. Pensar en ello como algo intrínseco a la persona trans y no como una situación propiciada por las reacciones del entorno. Pero no podemos separar las vivencias de las personas trans en una sociedad tránsfoba de las repercusiones que esto tiene en la salud mental.
Claridad en los datos
La afirmación de género salva vidas. Y no, eso no se reduce únicamente a la existencia de tratamientos disponibles para las personas trans. Según la encuesta de The Trevor Project, el estudiantado trans y no binario cuyos centros educativos respeta su identidad presenta menores tasas de intentos de suicidio. Al mismo tiempo, las medidas políticas contra el colectivo LGTBQ+ en general suponen un perjuicio para la salud mental del colectivo. El 45% de las personas trans o no binarias de EE.UU. han considerado mudarse a otro estado debido a las políticas actuales contra la comunidad. Con el detrimento que esto supone a la salud mental.
¿Qué efectos tiene sentir que tienes que marcharte de tu lugar de origen porque tu identidad se rechaza hasta tal punto que, en algunos sitios, te prohíben ir al baño? Evidentemente son negativos.
Otros estudios relacionan experiencias comunes de discriminación hacia las personas trans con problemas de salud mental. Por ejemplo, un misgendering (ser tratade con un género que no te corresponde) reiterado se relaciona con el TEPT (Trastorno por Estrés Post-Traumático), la falta de apoyo en los círculos cercanos con mayores niveles de estrés, la aprobación de leyes tránsfobas con mayores búsquedas de información sobre ayuda ante el suicidio y no poseer documentación acorde a tu género se relaciona con mayores niveles de violencia sufrida. Tal como establece la organización Mental Health America.
El estudio Transaludes también aborda las consecuencias de la transfobia en la salud mental. Aquellas personas trans que han sufrido episodios de violencia a lo largo de su vida reportan repercusiones directas en su salud mental derivadas de los mismos. Como pensamientos suicidas o ideas de autolesión en el 46,9% de los casos. Además de otras consecuencias como mayores tasas de ansiedad o depresión, o incluso dificultades para salir de su propia casa por el miedo a sufrir otra agresión.
Según la encuesta de The Trevor Project, el estudiantado trans y no binario cuyos centros educativos respeta su identidad presenta menores tasas de intentos de suicidio
¿Podemos asociar entonces las estadísticas del colectivo al malestar con el propio cuerpo o tenemos que apuntar en otra dirección? Lo cierto es que la prevención del suicidio en el colectivo trans debe articularse desde distintos ejes.
Aunque la mayoría de los estudios se centran en las estadísticas sobre suicidio en general y no qué factores se asocian a menores tasas de ideación suicida, algunos como una investigación realizada en 2025 por el gobierno de Australia, lo analizan. Demostrando que un acceso a tratamientos afirmativos de género, el reconocimiento legal de género y la conexión con comunidades LGTBIQ+ reducen tanto el malestar psicológico como las tasas de ideación suicida.
También avalan esto encuestas como Transgender Survey (2015), donde la prevalencia de este fenómeno se reduce en los siguientes casos: personas que reciben tratamientos de afirmación de género, poseen apoyo familiar, círculos que utilizan el nombre elegido o compañeres de clase o de trabajo que respetan su identidad.
La prevención del suicidio es una cuestión compleja y multifactorial, que debe orquestarse desde distintos ámbitos. En el caso de la comunidad trans, los estudios demuestran con claridad hacia dónde hay que poner el foco. La existencia de leyes que respeten la identidad de género de las personas, la creación y fomento de espacios seguros para el colectivo y la posibilidad de recibir tratamientos de afirmación de género (en aquellas personas que los precisen).
De nada sirve establecer programas genéricos que aborden la prevención del suicidio del mismo modo que se haría con una persona cis. Porque, aunque pueda haber aspectos en común, no se puede obviar lo que difiere. Sería ignorar cómo la transfobia del entorno repercute en las estadísticas y cómo suprimir esas barreras es prevención del suicidio.
No se puede hablar de prevención del suicidio en el colectivo trans sin hablar de leyes de autodeterminación de género. Ni sin hablar de un acceso adecuado a los recursos sanitarios disponibles. Ni sin hablar de la necesidad de establecer protocolos eficaces en centros de trabajo y de estudios, de educación a las familias, donde se reconozcan las realidades trans y se protejan sus derechos.