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Mar Cambrollé: «Las mujeres trans han cambiado las esquinas por las universidades»

La activista histórica recuerda en esta entrevista cómo fue la primera manifestación LGTBI de Andalucía y reflexiona sobre los derechos conseguidos y lo que aún falta por hacer para el colectivo

La activista Mar Cambrollé posa en Málaga tras su entrevista para SIX.
Víctor Rojas

Casi medio siglo después de organizar la primera manifestación por los derechos LGTBI en Andalucía, Mar Cambrollé sigue siendo una de las voces más influyentes del activismo trans en España. Fundadora del Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR) y protagonista de una lucha que ayudó a derogar la Ley de Peligrosidad Social, repasa en esta entrevista los avances conseguidos, las deudas pendientes con las personas trans mayores y los desafíos que aún afronta el colectivo. Una conversación sobre memoria, derechos y el valor de quienes abrieron camino cuando hacerlo suponía jugarse la libertad.

Estuviste en la primera manifestación que se hizo en Andalucía por los derechos LGTBI cuando todavía había una Ley de Peligrosidad Social que perseguía al colectivo. ¿Cómo se fraguó?

Estuve, la convoqué y la organicé. Además, tengo que decir un detalle que a veces no se conoce: un mes antes, los días 26 y 27 de mayo del 78, en Sevilla fui la anfitriona de todos los colectivos del Estado español que existían entonces. Vinieron representantes de Cataluña, País Vasco, Madrid, Galicia, Murcia y Andalucía. Aquella reunión fue fundamental porque, por primera vez, nos reunimos para hacer una acción unitaria y coordinada. Nos dijimos: «Vamos a golpear fuerte a este Gobierno, que era un Gobierno de la UCD, para que aboliera la Ley de Peligrosidad Social». Y así se hizo. El 25 de junio de 1978 salimos desde todas las comunidades. En Andalucía fue la primera manifestación, que convoqué yo como líder y fundadora del MHAR (Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria). Creo que mucha gente ha visto la película 'Te estoy amando locamente', que es un homenaje y un reconocimiento a aquella época histórica y que fue fundamental.

¿Y qué recuerdas de aquella primera manifestación?

Recuerdo que salimos con mucho miedo. Salimos con miedo porque la ley seguía vigente, no se había abolido. Precisamente nos manifestábamos para que dejara de existir. Además, teníamos el antecedente del año anterior, cuando se celebró en Barcelona la primera manifestación de toda España y fue brutalmente dispersada por la policía, con balas de goma y porrazos. Yo también la viví en primera persona. Teniendo aquella experiencia, tenía miedo. No sabía qué nos íbamos a encontrar. Afortunadamente, la presión que ejercimos desde todos los territorios hizo que el ministro del Interior se lo pensara mejor y hubo una orden de no actuar de manera tan brutal como en 1977.

Y las manifestaciones dieron sus frutos.

No fue en balde. Precisamente aquellas manifestaciones dieron lugar a que, seis meses después, el 26 de diciembre de 1978, un Consejo de Ministros decidiera excluir de la Ley de Peligrosidad Social los actos de homosexualidad. Dejamos de ser un crimen y un delito las personas de la diversidad en el Estado español.

'Te estoy amando locamente' hace un ejercicio de memoria de una historia que no se conocía y se había olvidado.

La memoria es importante para nuestro colectivo y para cualquier sociedad. La memoria siempre es el antídoto contra la amnesia y contra la injusticia. Es importante saber de dónde venimos para valorar dónde estamos y para poder escribir el futuro. Por eso estoy muy agradecida a Alejandro Marín –director de la película– por esta brillante iniciativa y, sobre todo, por esta magnífica obra. No solo por el guion y por el contenido, que son importantes, sino también por la banda sonora, la escenografía, el vestuario y todo el trabajo artístico que hay detrás. Creo que es una gran obra maestra.

«Aquellas manifestaciones dieron lugar a que, seis meses después, el 26 de diciembre de 1978, un Consejo de Ministros decidiera excluir de la Ley de Peligrosidad Social los actos de homosexualidad»

Mar Cambrollé

Activista

Las que estabais en primera línea de estas manifestaciones erais las mujeres trans.

Las personas trans, no solo en España sino en gran parte del mundo, hemos sido el escudo que ha soportado los peores golpes de los distintos regímenes por una cuestión que yo llamo «visibilidad inevitable». Hemos sido quienes hemos puesto el cuerpo y la cara. Y creo que la sociedad, y también el propio colectivo LGTBI, tiene una deuda histórica con esas personas. Una deuda que no se salda simplemente recordando a referentes como Sylvia Rivera o Marsha P. Johnson cuando ya han muerto. Hay que recordar también que Sylvia Rivera murió en la indigencia y que Marsha P. Johnson apareció muerta en circunstancias que nunca se esclarecieron completamente.

Ahora muchas de estas mujeres llegan a la vejez en una situación muy precaria. ¿Por qué se da esta circunstancia?

Muchas pertenecen a una generación que sufrió el rechazo familiar, el abandono escolar y la exclusión laboral. Muchas fueron expulsadas de sus casas por ser quienes eran. Tuvieron que renunciar a estudiar, al cariño de sus familias y a muchas oportunidades simplemente para poder vivir con honestidad. Y no es justo que ahora, después de todo lo que sufrieron, no exista una reparación. Por eso, desde la Plataforma Trans, que tengo el honor de presidir, propusimos a finales de 2024 una ley de memoria trans. Una ley que plantea medidas básicas de justicia para las personas represaliadas por la Ley de Peligrosidad Social y por la Ley de Vagos y Maleantes. Hablamos de una pensión digna, acceso prioritario a vivienda pública y recursos asistenciales para quienes lo necesiten. No son tantas personas. Estamos hablando de una generación muy reducida. Pero sin reparación no hay justicia, y sin justicia no hay democracia.

Desde la Plataforma Trans intentáis hacer justicia a través de homenajes y de la recuperación de estas historias como la de las artistas Candela García y Soraya González.

Se acaba de inaugurar una exposición que podrá visitarse hasta el 30 de junio en el Antiquarium de Sevilla. Lo que queremos es recuperar la memoria de estas mujeres y evitar que sus vidas pasen desapercibidas. Quizá no fueron líderes de organizaciones ni impulsaron leyes, pero fueron auténticas banderas de libertad. Renunciaron a muchas cosas para ser ellas mismas. Además, hicieron del escenario su trinchera. Convirtieron los focos, la música y el espectáculo en una forma de resistencia frente a un régimen que pretendía invisibilizarlas. Es importante que las nuevas generaciones conozcan su historia y comprendan el valor que tuvo dar la cara en aquellos años.

Hablando de las nuevas generaciones, a menudo se escucha que los jóvenes no se movilizan o no luchan por sus derechos. En el colectivo LGTBI da la sensación de que eso ocurre menos. Tú te rodeas de gente joven por tu activismo, ¿cómo ves a la juventud actual?

Veo a la juventud muy bien y me niego a participar en ese discurso que constantemente la estigmatiza. Ya está bien de repetir que los jóvenes no se implican. Eso son discursos de personas mayores que olvidan cómo fueron ellas mismas cuando tenían esa edad. La juventud es maravillosa. Lo que no podemos pedirles es que vivan las mismas situaciones que vivimos nosotros. Yo he pagado un precio muy alto para que ellos no tengan que pagarlo. Hoy vemos jóvenes trans, gais y lesbianas en los institutos y en las universidades. La inmensa mayoría de la juventud convive con naturalidad con la diversidad. Por supuesto que siguen existiendo comportamientos intolerantes, pero son minoritarios y no pueden convertirse en el centro del relato.

Se te considera activista histórica, ¿qué significa este término?

Activista histórica no es quien tiene una determinada edad. Personas mayores hay muchas. Recuerdo que Toño Abad, secretario LGTBI de UGT, lo explicó muy bien cuando dijo que una activista histórica es aquella persona que, a través de su acción militante, ha sido capaz de cambiar la historia. Hay muchas personas mayores que merecen todo nuestro respeto, pero no todo el mundo es un activista histórico. Lo es quien ha contribuido a transformar la realidad. Yo me siento afortunada porque no pasé simplemente por allí; fui una parte activa de aquellas movilizaciones y de muchas otras luchas posteriores.

«No podemos pedir a los jóvenes es que vivan las mismas situaciones que vivimos nosotros»

Mar Cambrollé

Activista

Hay una cuestión que también suele generar debate y es la del lenguaje. A lo largo de los años hemos pasado de unos términos a otros. ¿Cómo ha evolucionado esa forma de nombrar las realidades trans?

El lenguaje es importante porque construye realidad. Hay términos que hoy sabemos que no son los más adecuados. Por ejemplo, yo prefiero hablar de «personas trans» antes que de «transexuales». No porque haya mala intención detrás de esa palabra, sino porque «personas trans» nos humaniza más y evita que se nos reduzca a una condición. Además, hoy existe un amplio consenso internacional en utilizar la palabra «trans» como término paraguas para referirse a las distintas identidades y expresiones de género. También hemos evolucionado porque hoy entendemos que las identidades trans forman parte de la diversidad humana y no de una patología.

También es cierto que, históricamente, la atención mediática se ha centrado mucho más en las mujeres trans. Parece que los hombres trans han sido mucho más invisibles. ¿Por qué ha ocurrido eso?

Es verdad. Durante décadas, cuando la sociedad pensaba en una persona trans, imaginaba automáticamente a una mujer trans. Y además asociada muchas veces al espectáculo o a la prostitución. Existía un estigma muy fuerte. Afortunadamente eso está cambiando. Hoy la visibilidad de los hombres trans es mucho mayor y está mucho más equilibrada. De hecho, en nuestra asociación hubo una época en la que llegaron a ser mayoría.

«Muchas veces luchamos por utopías que parecen imposibles. Pero yo tengo la suerte de poder decir que he llegado a tocar una parte de esa utopía con las manos»

Mar Cambrollé

Activista

Hablábamos antes de las dificultades, pero también es importante hablar de los avances. Hoy vemos personas trans en empresas, universidades, administraciones públicas y muchos otros ámbitos. Siguen existiendo barreras, por supuesto, pero también hay historias positivas que merece la pena contar.

Me siento especialmente orgullosa de eso. Precisamente por eso digo sin complejos que soy una activista histórica. Porque creo que todo el esfuerzo mereció la pena. Muchas veces luchamos por utopías que parecen imposibles. Pero yo tengo la suerte de poder decir que he llegado a tocar una parte de esa utopía con las manos. Donde antes no había nombre, hoy hay nombre. Donde antes había palizas, hoy hay acompañamiento. Donde antes no podíamos estudiar, hoy existen protocolos educativos que garantizan derechos. Y una de las cosas que más emoción me produce es comprobar que, hace apenas quince años, la inmensa mayoría de las chicas trans jóvenes terminaban en una esquina. Hoy están en las universidades.

El próximo 26 de junio celebráis la Marcha Trans en Sevilla, una cita que se ha convertido en una fecha muy importante.

Sí. Tenemos la Marcha Trans porque hay que seguir reivindicando. Hay que seguir saliendo a la calle. Yo creo que las marchas que en su origen servían para reclamar derechos hoy tienen una doble función. Por un lado, celebrar todo lo conseguido, porque tenemos motivos para celebrar que ya no vivimos aquellos tiempos tan duros. Pero, por otro lado, también sirven para seguir reivindicando todo lo que queda por conseguir. Y, aunque se llame Marcha Trans, es una marcha para todo el mundo. Para nuestras amistades, nuestras familias, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, de instituto o de universidad. Toda persona que crea que en esta sociedad cabemos todos y todas, y que lo único que no tiene cabida es el odio y la intolerancia, tiene un lugar con nosotros el día 26.

Además, este año también habéis organizado dos concursos vinculados a la Marcha Trans.

Sí, y todavía estáis a tiempo de participar. Si eres drag, te gusta el drag o quieres animarte a probar, este año tienes una oportunidad estupenda para vivir la Marcha Trans de una forma diferente. Además de desfilar con nosotros, podrás participar en un concurso en el que se valorarán aspectos como el estilismo, el maquillaje, la creatividad y la puesta en escena. La persona ganadora obtendrá un viaje para dos personas a Maspalomas, en Gran Canaria, con estancia en un hotel de lujo, gracias al patrocinio de Axel Hotel y Facial Clinic. Y también tenemos otro concurso dirigido a la juventud. Se premiará el mejor cartel relacionado con los derechos trans o la denuncia de la transfobia. La persona ganadora recibirá igualmente un viaje para dos personas a Maspalomas.

¿Una reflexión para terminar?

Antes decía que hemos cambiado las esquinas por las universidades y los insultos por los abrazos. Pues bien, también hemos conseguido algo muy importante: hemos cambiado una sociedad que no logró cambiarnos a nosotras.

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