Granada, madre lesbiana
La Sal se erige como lugar de culto para el lesbianismo desde 1988 y reivindica el papel del ocio LGTBIQ+
Los colores pastel de la calle Santa Paula avisan. Son una premonición de que nada malo puede suceder tras ellos. En efecto, dos chicas se besan en la esquina mĆ”s revolucionaria de Granada. Es la que ocupa desde hace 36 aƱos La Sal, el pub lĆ©sbico en activo mĆ”s antiguo de AndalucĆa. El local que inspiró a MuƱoz Molina para escribir capĆtulos de 'Un invierno en Lisboa' hace lo propio con quienes claman un espacio seguro.
Lali Moldes 'entendĆa'. Y entiende. Quiere decir que es lesbiana. Y asĆ mismo se lo hizo saber al mundo desde 1962. Siempre soñó con la libertad de la mujer y, tras un concierto de David Bowie en Madrid, dos amigas le encontraron su destino: una cochera de Granada. Fue allĆ donde hicieron parar a esta gallega hace 36 aƱos. Ā«Comenzamos como un sitio alternativo porque no se podĆa decir que tres chicas tenĆamos un local para chicasĀ», cuenta Lali desde la fachada de La Sal; donde, por entonces, no faltaron las ofertas culturales y con ellas, toda la gente Ā«progreĀ» y Ā«gayĀ» de la ciudad.
Desde los comienzos, Lali tuvo que lidiar contra un mar embravecido. Las miradas se multiplicaban, asĆ como los incidentes. La Sal molestaba. Entre risas, Moldes recuerda cómo un grupo de hombres, barra de hierro en mano, destrozó el ventanal de su todavĆa retoƱo al grito de 'guarras'. Ā«Ćramos mujeres atacantas y habĆa tĆos que se ofendĆan por ver a dos chicas besĆ”ndoseĀ», afirma la gallega. Aunque el pub acogĆa a todos los pĆŗblicos, tal manifestación de activismo reƱĆa con una entonces Granada Ā«pueblerinaĀ». Lo cierto es que, mĆ”s allĆ” de orientaciones, habĆa gente con ganas de vivir libremente.
La historia de La Sal cambió. En 1993, Lali conoce a un icono. Rosa. A secas. Una Ā«tĆa guapaĀ» que iba con hombres que entendĆan. Y pareja sentimental de Moldes durante 18 aƱos. Fueron entonces los amigos de esta los que llenaron La Sal ante el Ā«boicotĀ» de grupos de mujeres de Granada. Una pena que acompaƱa a Lali hasta la actualidad. Y es que la falta de Ā«sororidad y uniónĀ» es el leitmotiv que acecha al colectivo, segĆŗn Moldes. Sea como fuere, la pareja remonta y ocho aƱos despuĆ©s de la inauguración, al mĆtico tardeo le suceden las noches. La Sal ya es una institución y todo el nuevo estudiantado de la ciudad universitaria la frecuenta.
A pesar del buen rendimiento del local, a finales de los aƱos 90, La Sal Ā«estorbaĀ». El acoso por parte del Ayuntamiento es un continuo, asĆ como los intentos de reducirlo al cierre. Lo que no sucedĆa en ningĆŗn pub, ocurrĆa en el de Lali. Ā«Siempre he educado en mi pub porque mi Ćŗnico compromiso es el de crear sociedad. Nunca vendĆ drogas, ni la carne de mi equipoĀ», apostilla Moldes. Justo el asociacionismo de alcohol, fiesta y sexo es un problema que quiere atajar y del que afirma: Ā«Hay que alternar en los locales y socializar en la barra, la cultura del botellón y sexo es un problema que no sólo sucede dentro del colectivoĀ».
«Siempre he educado en mi pub porque mi único compromiso es el de crear sociedad. Nunca vendà drogas, ni la carne de mi equipo»
El icono aparece. La mĆtica Rosa, en su nueva vida diurna, cruza la puerta de La Sal para hablar con Lali. Ambas mantienen una relación estupenda. Las Ā«madres de las lesbianasĀ» de Granada recuerdan una Ć©poca que ya pasó. La socialización del pĆŗblico ha cambiado y las tecnologĆas y el ritmo de vida han hecho Ā«daƱoĀ». Moldes reconoce que la brecha salarial que sufren las lesbianas provoca situaciones Ā«difĆcilesĀ» en un local iniciĆ”tico para chicas. Una desigualdad que el Ćŗltimo informe del estado socioeconómico de 2023 de la Federación Estatal LGTBI+ fija en un 16% en detrimento para las parejas de mujeres frente a las de los hombres. Esa diferencia es la que liga, segĆŗn Moldes, con un machismo estructural que tambiĆ©n se refleja en los gais. Ā«Siguen siendo el macho dominante y muchos desvaloran a la lesbianaĀ», relata Lali, quien lamenta expresiones como Ā«La Sal huele a coƱoĀ» por parte del pĆŗblico masculino.
El petardeo reina en La Sal. Las pruebas de sonido a horas previas de la noche del sĆ”bado lo confirman. Desde Ć©xitos de Mónica Naranjo a Yuri suenan en su interior. Isabel Pantoja es un mĆ”s en el local. La sensación de un aprendizaje Ā«bonito y sanoĀ» entre generaciones emociona a su dueƱa cada noche. Ā«Veo a tanta gente feliz que pienso, cómo es mi hijaĀ», asegura Moldes. Asimismo, sin dejar de lado obras de teatro y presentaciones de libros, el pub continĆŗa con sus populares fiestas. En todas ellas, las chicas de la ciudad alzan la mirada en un espacio propio donde poder disfrutar. Angela Davis, musa plasmada en el exterior, estarĆa orgullosa. Virginia Woolf, tambiĆ©n.
Lali ultima sus noches. En sólo dos aƱos pretende jubilarse. Ya busca alguien que continue con La Sal. No le vale cualquiera, sino una persona con sus mismos valores. Ā«Un negocio no es sólo para hacer dinero, es educar a la sociedadĀ», comenta Moldes. En ese sentido critica a las discotecas supuestamente Ā«amigablesĀ» con el colectivo LGTBIQ+ donde, lo «únicoĀ» que quieren, es el dinero de este. Por eso, defiende los lugares de Ā«ambienteĀ»: Ā«No podemos dejarlos morir porque, una vez cierren, el mundo cambia para malĀ». Lali no quiere pasar por alto la necesidad de concienciar ya que, la creciente ola de Ā«odio institucionalĀ», mata derechos y aƱade: Ā«Hay gente que nos llevarĆa al paredón y a mĆ la primera por ser lesbiana y la mĆ”s antiguaĀ». En ese aspecto, aboga desde su local por un colectivo unido que rechace los esfuerzos por separarlo.
Los mismos colores pastel de la calle Santa Paula se oscurecen. A pocos minutos del comienzo de la medianoche, Lali se despide: Ā«La gente que quiera sentirse libre tiene La SalĀ». Prueba de ello es el sinfĆn de personas que esperan dispuestas a llenar de vida el templo de Moldes. Desde el conocido Ā«gran coƱoĀ» que dibujó la artista Dulcinea Enamoneta como seƱa de identidad del local, parejas de chicas, casadas, curiosas y resto de gente que 'entiende' celebra La Sal. Y es que al colectivo LGTBIQ+ hay que celebrarlo siempre. Granada bien lo sabe hacer, por madre y lesbiana, desde 1988.