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Tres perfiles de pacientes podrían mejorar la detección y prevención de la hepatitis C y las ITS en hombres con VIH

Un estudio realizado en diez hospitales de Madrid identifica distintos niveles de riesgo según las prácticas sexuales, el consumo de sustancias y los antecedentes de infección

Personal técnico de un laboratorio prepara muestras para analizar.
Víctor Rojas

Un estudio realizado en hospitales públicos de la Comunidad de Madrid ha identificado tres perfiles diferenciados de hombres con VIH que tienen sexo con hombres según sus prácticas sexuales, consumo de sustancias y antecedentes de infecciones. Los resultados muestran importantes diferencias en la aparición de nuevos casos de hepatitis C aguda y de infecciones de transmisión sexual (ITS) bacterianas.

La investigación, publicada en la revista AIDS, siguió a 529 participantes entre mayo de 2022 y febrero de 2024. El trabajo estuvo coliderado por Juan Berenguer, del Hospital General Universitario Gregorio Marañón; Pablo Ryan, del Hospital Universitario Infanta Leonor; y Juan González-García y Luz Martín-Carbonero, del Hospital Universitario La Paz.

Los investigadores plantearon un enfoque diferente al habitual: en lugar de analizar por separado cada factor de riesgo, estudiaron cómo distintas conductas y antecedentes podían aparecer conjuntamente en una misma persona. Para ello utilizaron técnicas estadísticas de agrupamiento que permitieron establecer tres perfiles o «fenotipos clínicos».

Tres grupos con diferentes niveles de exposición

El primer perfil, considerado de menor exposición, fue el más numeroso, con 328 participantes, el 62% de la muestra. El segundo estuvo formado por 133 personas, un 25%, y presentó principalmente un patrón de consumo de sustancias asociado a las relaciones sexuales, conocido como chemsex.

El tercer grupo, integrado por 68 participantes —el 13% del total—, concentró las características asociadas a una mayor exposición. Entre ellas figuraban el consumo de metanfetamina, la administración de drogas por vía inyectada o intrarrectal, determinadas prácticas sexuales con posibilidad de producir lesiones de la mucosa rectal y antecedentes de hepatitis C.

La diferencia entre los grupos se hizo especialmente evidente al analizar los nuevos casos de hepatitis C. Durante el seguimiento se detectaron 12 episodios de hepatitis C aguda. Ocho de ellos se produjeron entre los 68 participantes del perfil de mayor exposición, frente a tres casos entre las 328 personas del grupo de menor exposición.

En términos de incidencia, el grupo de menor exposición registró 0,94 episodios por cada 100 personas-año, frente a 11,76 en el grupo de mayor exposición. Esto supone una tasa aproximadamente 12,5 veces superior.

Las ITS bacterianas también aumentaron con la exposición

Las diferencias no se limitaron a la hepatitis C. A lo largo del estudio se registraron 332 episodios de ITS bacterianas en 212 participantes, el 40,1% de la cohorte. En total se diagnosticaron 114 episodios de sífilis, 121 de gonorrea y 97 de clamidia. La incidencia conjunta de estas tres infecciones fue muy superior en los perfiles intermedio y de mayor exposición.

La gonorrea mostró una de las diferencias más claras: pasó de 10,68 episodios por cada 100 personas-año en el grupo de menor exposición a 23,90 en el intermedio y 33,82 en el de mayor exposición. La tasa registrada en este último grupo fue, por tanto, aproximadamente tres veces superior a la del primero.

Estos resultados ponen de relieve que las ITS pueden aparecer con frecuencia incluso cuando no existen síntomas que hagan sospechar una infección. Por este motivo, el cribado periódico adquiere especial importancia en las personas con mayor exposición.

Para los investigadores, una de las principales aportaciones del trabajo es demostrar que los factores relacionados con el riesgo no actúan necesariamente de forma aislada. Determinadas prácticas sexuales, el consumo de sustancias y los antecedentes de infecciones pueden coincidir y definir perfiles con probabilidades diferentes de adquirir nuevas infecciones.

«Reconocer esas combinaciones nos ayuda a comprender mejor el riesgo de infección», explica Juan Berenguer, primer autor del estudio. Según el investigador, estos resultados podrían abrir la puerta al uso de cuestionarios breves en las consultas para identificar perfiles de riesgo y adaptar las estrategias de cribado y prevención.

La propuesta no pretende sustituir las recomendaciones generales de prevención y diagnóstico. El objetivo sería complementar estas medidas con una evaluación individual que permita detectar a las personas que podrían beneficiarse de controles más frecuentes o de intervenciones preventivas específicas.

El antecedente de hepatitis C merece además una consideración especial. Haber eliminado previamente el virus no proporciona inmunidad frente a una nueva exposición, por lo que una persona que ya se ha curado puede volver a infectarse.

Una prevención más personalizada

Los resultados se producen en un contexto de elevada circulación de ITS en España. Según los últimos datos oficiales correspondientes a 2024, se notificaron 41.918 casos de infección por Chlamydia trachomatis, 37.257 de infección gonocócica y 11.930 de sífilis. Ese mismo año se registraron 3.340 nuevos diagnósticos de VIH en España. Más de la mitad, el 54,3%, correspondieron a hombres que tienen sexo con hombres.

El estudio forma parte del proyecto ATHENS (GeSIDA 12121-RIS EPICLIN 08_2021), promovido y coordinado por la Fundación SEIMC/GeSIDA y desarrollado por investigadores de GeSIDA, la Cohorte de la Red de Investigación en Sida (CoRIS) y el CIBER de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC) del Instituto de Salud Carlos III.

Los autores consideran que los resultados justifican continuar investigando para comprobar si estos perfiles pueden identificarse de manera sencilla en otros centros y poblaciones. El siguiente paso será determinar si una evaluación breve de las prácticas sexuales, el consumo de sustancias y los antecedentes de infección puede convertirse en una herramienta útil para orientar el seguimiento clínico.

La principal conclusión del trabajo apunta así hacia una prevención más personalizada: no todas las personas presentan el mismo nivel de exposición y, por tanto, el seguimiento puede beneficiarse de tener en cuenta las circunstancias concretas de cada paciente.

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