Publicidad Noticia Top

‘ICE OUT’, mucho espectáculo y diversidad en unos Grammys históricos

La ceremonia conjugó con dinamismo reivindicaciones y actuaciones estelares en una noche con premios muy repartidos

Actualidad Antonio Rodriguez
Bad Bunny gana el Grammy a mejor álbum de música urbana. Reuters
Actualidad Antonio Rodriguez

Si hay algo que saben hacer bien los norteamericanos son las galas de entrega de premios de la música, el cine o la televisión. Tanto la cadena CBS como Trevor Noah se despedían este año como parte de la noche más importante de la música a nivel internacional: los Grammys, que celebraban su 68.ª edición. Con una realización y sonidos majestuosos, la noche estuvo marcada por el clima político actual en Estados Unidos, donde Bad Bunny hizo historia, Lady Gaga volvió a demostrar por qué es una de las figuras más influyentes del pop, y Justin Bieber, Lola Young y Sabrina Carpenter ofrecieron actuaciones memorables.

Porque, como bien indicaba el presentador, los Grammys no solo son una noche de premios: son la noche del año con las mejores actuaciones en directo, y también un termómetro cultural del momento que atraviesa el país.

Bad Bunny, la inmigración y el español como acto político

El puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, se hizo con el premio al Mejor Álbum del Año, siendo el primero en la historia en ganar este galardón con un disco íntegramente cantado en español. ‘DeBÍ TiRAR MáS FOToS’ es un trabajo que corona su fulgurante evolución artística con este gramófono de oro: un álbum que lo inmortaliza como referente global de la música latina, con canciones que abordan temas como la gentrificación, el turismo masivo y la cultura autóctona. El artista, que se tomó varios segundos para intentar contener las lágrimas antes de subir a recoger el premio, fue muy claro en su discurso: «Antes de dar las gracias a Dios, tengo que decir algo. ‘ICE OUT’. No somos animales; somos seres humanos y somos americanos».

Y es que el lema ‘ICE OUT’ (o ‘FUCK ICE’) se convirtió en uno de los mensajes más repetidos de la noche, trascendiendo el gesto para instalarse como consigna casi colectiva. Billie Eilish, que dio la sorpresa al ganar el premio a la Mejor Canción del Año por ‘Wildflower’, también se mostró contundente al respecto: «Nadie es ilegal en tierra robada». La artista ha sido noticia en los últimos meses, precisamente, por su implicación en cuestiones políticas y sociales como la denuncia de la avaricia de los multimillonarios, la situación en Palestina o las políticas migratorias impulsadas por Donald Trump, consolidando un perfil artístico cada vez más explícitamente político. En la misma línea se expresó Kehlani, que al ganar el premio a la Mejor Canción por ‘Folded’ declaraba: «somos un grupo demasiado poderoso como para estar todos juntos en la misma sala y no hacer algún tipo de declaración».

De forma más discreta, se pudo apreciar cómo muchos de los invitados lucían una chapa blanca con el mensaje ICE OUT, entre los que estaban Lady Gaga, Carole King o Amyl and the Sniffers. También hubo gestos más específicos: Justin Vernon, de Bon Iver, llevaba colgado de la solapa un silbato que, según explicó, servía para «honrar a los observadores que lo han utilizado en Minneapolis para alertar a los vecinos de la llegada de patrullas del ICE». Pequeños símbolos que, acumulados, terminaron por construir un relato común.

La reafirmación del pop como espectáculo total

Estas manifestaciones se fueron alternando con las grandes actuaciones de la noche. Lady Gaga invocó a ‘Lady in Red’, el personaje de su vídeo ‘Abracadabra’, en una de esas actuaciones que explican por qué ocupa la cúspide del pop contemporáneo. La artista y productora se llevó los premios a Mejor Álbum Pop por ‘Mayhem’, y Mejor Interpretación Dance Pop y Mejor Remix por ‘Abracadabra’. Junto a Cirkut, Andrew Watt y Gesaffelstein improvisó una banda para ofrecer una actuación de rock industrial, vestida con Alexander McQueen AW09 y frente a una cámara robotizada PTZ, para interpretar ‘Abracadabra’, en un despliegue técnico y estético difícil de igualar. Igualmente reseñables fueron las actuaciones de Sabrina Carpenter, la propuesta más camp de la noche con una inmensa escenografía de aeropuerto; la de Rosé y Bruno Mars, que electrizaron la apertura con ‘APT’ (uno de los mejores pre-estribillos de los últimos años) y un toque ‘My Sharona’; o el que ya se considera uno de los mejores segmentos de la historia reciente de los Grammys: la secuencia de actuaciones encadenadas de los nominados a Mejor Nuevo Artista.

Este bloque dejó momentos memorables como The Marías y su exquisito imaginario azul, Katseye desbordando girl power, Lola Young emocionante en su reaparición con una interpretación al piano de ‘Messy’, y Olivia Dean, que aportó estilo y alma soul y acabó alzándose como ganadora de la categoría. La artista también dejó su mensaje reivindicativo: «soy la nieta de una inmigrante; soy fruto de la valentía, y los migrantes deben ser celebrados. No somos nadie sin los demás». Una declaración que resonó especialmente en una gala atravesada por el contexto político; pero también por la celebración de la diversidad, tanto en los premiados como en el reparto de gramófonos.

Luces y sombras de una noche intensa

También destacó la actuación intimista de Justin Bieber, en la línea de la introspección más reciente del artista, que transmitió una vulnerabilidad palpable con su voz, guitarra, algunos pedales y vistiendo únicamente un pantalón corto durante la interpretación de ‘YUKON’. El cantante se dejó ver visiblemente incómodo tanto en la alfombra roja como en su interacción con Trevor Noah.

Lady Gaga. Reuters

A ello se sumaron otros momentos tensos, como la mención a la ausencia de Nicki Minaj, que provocó un abucheo unánime entre los asistentes, mientras la rapera no dejaba de publicar mensajes en X durante toda la noche. Hubo también discursos particularmente sonrojantes, como el de Jelly Roll, más propio de una capilla evangelista que de una gala de los Grammys; o el de una desorientada Cher, que se confundió en varias ocasiones al entregar uno de los premios más importantes de la noche: Mejor Grabación del Año, para ‘luther’, de Kendrick Lamar y SZA. Se echó en falta, asimismo, una mayor implicación por parte de Lamar, muy dado a comentarios reivindicativos, que de las nueve nominaciones que recibió solo recogió cinco premios, dejando una sensación de oportunidad desaprovechada.

Homenajes, legado y escena undergound

Tanto Cher como Pharrell Williams recibieron premios honoríficos por sus trayectorias, y la noche acogió también la presencia de leyendas como Joni Mitchell, Chaka Khan o Gloria Estefan. Además, contó con la actuación de Lauryn Hill, que no asistía a los Grammys desde que arrasó en 1997 con ‘The Miseducation of Lauryn Hill’, para rendir homenaje a D’Angelo y Roberta Flack, junto a John Legend, Lalah Hathaway y Wyclef Jean, conectando pasado, presente y memoria colectiva. El momento más queer de la noche lo protagonizó Durand Bernarr, ganador del premio a Mejor Álbum de R&B Progresivo, que dedicó el galardón a «todas las reinas masculinas a las que hicieron sentir que eran demasiado. Yo soy la prueba que necesitaban y la señal que estaban esperando. ¡Sed vosotras mismas!». Yasss, girl.

Por su parte, Turnstile ganó sus dos primeros premios Grammy: Mejor Álbum de Rock por ‘NEVER ENOUGH’ y Mejor Interpretación de Metal por ‘BIRDS’. Brendan Yates aprovechó la aceptación para reivindicar la escena punk y hardcore, tradicionalmente invisibilizada en este tipo de eventos. Tyler, The Creator se llevó el primer Grammy de la historia a Mejor Portada por ‘CHROMAKOPIA’, mientras que Charli XCX entregó el premio a Mejor Interpretación Pop a Lola Young por ‘Messy’.

La alfombra roja generó cierta ansiedad al espectador medio neurodivergente: muchísima gente, un ritmo de posados estresante y un despliegue constante de glambot y multipantalla. Aun así, permitió disfrutar de divas como Miley Cyrus, Doechii o Chappell Roan, sirviendo algunos de los looks más comentados de la noche.

El pop como espejo de la realidad

Bruce Springsteen recordó a Brian Wilson, de los Beach Boys, y apareció por sorpresa el pasado viernes en un concierto en Minneapolis para recaudar fondos para las familias de dos personas fallecidas por disparos de agentes del ICE, interpretando ‘Streets of Minneapolis’, canción compuesta ad hoc por el artista. Por su parte, Post Malone encabezó el homenaje a Ozzy Osbourne, una elección discutible dada la naturaleza y el tono de la ceremonia, y el pasado de Osbourne. Sabemos que la música puede hacernos mejores y unirnos, pero esta noche dejó también la sensación de que, quizá, en Estados Unidos no todo está perdido. Sobre todo cuando la cultura popular deja de mirar hacia otro lado y decide posicionarse.

Billie Eilish posa en la alfombra roja, antes de la gala. Reuters

«Quiero dedicar este premio a quienes han tenido que abandonar su hogar, incluso después de perder a alguien», recordaba Bad Bunny al final de la gala. Siempre es difícil enfrentarse a una gala de parafernalia yanki sin cogerla con pinzas; a menudo resulta insoportable. Sin embargo, esta edición ilustra con claridad cómo la gravedad de los conflictos globales ha dejado de ser ajena incluso para las grandes figuras del pop.
Poco más de 24 horas después de la publicación de los perturbadores archivos de Jeffrey Epstein, Estados Unidos vuelve a enfrentarse al peso de políticas construidas desde el miedo, el rechazo y el olvido de su propia historia. Y es ahí donde la música que es masiva, emocional y cotidiana adquiere un valor que va más allá del entretenimiento. Ahora más que nunca hacen falta referentes. No solo los más formados o intelectualizados, que marcan el compás del pensamiento contemporáneo. También los de aquellos que, a priori, pueden parecer meros acompañantes con sus voces en el día a día y le ponen banda sonora a nuestro sentir.

Proyectar el futuro es una tarea colectiva con muchas estrategias y posibilidades. Por eso es de reconocimiento que Bad Bunny aproveche toda la atención para señalar donde duele, que personas que percibimos acomodadas se manifiesten en su proceso de desarticulación personal como la de Billie Eilish, o que la recién llegada Olivia Dean no tenga miedo a celebrar su identidad migrante. En una ceremonia con récord de mujeres nominadas y personas LGTBIQA+ podemos, y debemos, subir el volumen colectivo de la resistencia con algo tan vital como es la experiencia de la música.


PREMIOS GRAMMYS 2026

  • Álbum del año: ‘Debí tirar más fotos’, Bad Bunny

    Canción del año: ‘Wildflower’, Billie Eilish

    Grabación del año: ‘Luther’, Kendrick Lamar con SZA

    Mejor nuevo artista: Olivia Dean

    Mejor álbum de música urbana; ‘Debí tirar más fotos’, Bad Bunny

    Mejor interpretación solista de pop: ‘Messy’, Lola Young

    Mejor interpretación pop de dúo/grupo: ‘Defying Gravity’, Cynthia Erivo y Ariana Grande

    Mejor álbum de rock latino o alternativo: ‘Papota’, CA7RIEL & Paco Amoroso

    Mejor álbum de música mexicana: ‘Palabra de to’s seca’, Carín León

    Mejor interpretación de música global: ‘EoO’, Bad Bunny

    Mejor álbum latino tropical: ‘Raíces’, Gloria Estefan

    Mejor álbum de rap: ‘GNX’, Kendrick Lamar

    Mejor interpretación de rap: ‘Chains & Whips’, Clipse, Pusha T & Malice f/ Kendrick Lamar & Pharrell Williams

    Mejor álbum de country tradicional: ‘Ain’t In It For My Health’, Zach Top

    Mejor álbum de country contemporáneo: ‘Beautifully Broken’, Jelly Roll

    Mejor interpretación solista de country: ‘Bad As I Used to Be’, Chris Stapleton

    Mejor álbum de rock: ‘Never Enough’, Turnstile

    Mejor interpretación de rock: ‘Changes (Live From Villa Park) Back To The Beginning’, Yungblud con Nuno Bettencourt, Frank Bello, Adam Wakeman, II

    Mejor álbum de R&B: ‘Mutt’, Leon Thomas

    Mejor interpretación de R&B: ‘Folded’, Kehlani


Publicidad Encima Newsletter