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La asexualidad frente al estigma: «Hay quienes descubren a los 50 que nunca han sentido atracción sexual»

En el último año, un 12,12% de las personas de este colectivo ha sufrido acoso, un 25,76% ha experimentado discriminación y un 19,7%, violencia

Comunidad Víctor Rojas
Ilustración: Alejandro Castro
Comunidad Víctor Rojas

Leticia sabe desde que es adolescente que es asexual y, aun así, fue al médico para hacerse pruebas hormonales. Davie sabe desde que es adolescente que es asexual y, aun así, tuvo que soportar un discurso patologizante de la jefa de estudios de su instituto sobre su orientación. Una orientación aún desconocida para muchos y rodeada de estigma, presión social y falta de consentimiento. «La asexualidad es un espectro, no un punto concreto. Es el espectro de personas cuya atracción sexual no está dirigida hacia nadie, es decir, personas que no sienten atracción sexual nunca o prácticamente nunca, salvo en circunstancias muy concretas y muy raras», explica Leticia Rey, activista, asexual y miembro de la ejecutiva de la Federación Estatal LGTBI+.

Eso sí, no sentir atracción sexual no significa que estas personas puedan sentir –o no– otros tipos de atracciones como la romántica, la estética o la sensual. Y tampoco significa que nunca tengan relaciones sexuales. «Las personas asexuales, por lo general, no tienen la motivación que da la atracción sexual, pero eso no significa que no puedan practicar sexo por otros motivos: por diversión, por intimidad, por deseo de tener hijos…», asegura Leticia, quien añade que la masturbación no es incompatible con ser asexual, aunque reconoce que muchas personas asexuales «practican poco o nada de sexo».

Este no es el único mito en torno a la asexualidad. La activista añade que hay ideas comunes que afectan a todo el colectivo LGTBIQA+ como que ‘es una moda’, ‘una fase’ o ‘una forma de llamar la atención’. «En el caso de la asexualidad, también existe mucho el ‘ya encontrarás a la persona adecuada’. Hay una especie de terapia de conversión encubierta, incluso desde ámbitos sanitarios o psicológicos», señala Leticia, que además afirma que es «muy común» pensar que ser asexual significa odiar el sexo o no querer hablar nunca del tema. Sin embargo, apunta a que el «más dañino» es el ‘vas a acabar sola’.

«Las personas asexuales, por lo general, no tienen la motivación que da la atracción sexual, pero eso no significa que no puedan practicar sexo», explica Leticia Rey

Davie Rey, hermano de Leticia, también es asexual. «Mis padres parecen una fábrica», bromea sobre esta coincidencia con su hermana quince años mayor que él. «No fue tanto que ella me contara su experiencia y yo dijera ‘vale, esto es exactamente lo que me pasa’, sino que, como ya me había hablado antes del tema y siempre nos hemos llevado muy bien, para mí no fue difícil reconocerlo y poner- le nombre. Ya tenía un referente cercano», explica.

A pesar de tener experiencias cercanas y conocimiento del término, Davie ha tenido que experimentar la patologización en diferentes momentos. Una de las que más recuerda sucedió delante de toda su clase, en la etapa de secundaria. Le contó a un amigo que era asexual y él, de manera positiva, lo compartió con el resto de los compañeros del instituto. En ese momento, la jefa de estudios escuchó la conversación e intervino. «Se puso delante de toda la clase y empezó a dar un discurso de cinco minutos diciendo que eso no existía, que era una enfermedad y que no se podía usar esa palabra porque equivalía a llamar enferma a una persona», relata.

«Fue muy chocante ver a una figura de autoridad diciendo todo eso delante de la clase». A pesar de ello, Davie reconoce que no le resultó «especialmente traumático», pero sí piensa en cómo pueden afectar estos discursos a otras personas más vulnerables. «Al final era una figura de autoridad diciéndole a un alumno, delante de todo el mundo, que su identidad era una enfermedad», reflexiona.

Pocos estudios

Leticia, además, pone el foco en los pocos estudios que existen sobre la asexualidad, pero se basa en los informes sobre delitos de odio de la FELGTBI+ para afirmar que las personas asexuales muestran niveles importantes de acoso, discriminación y violencia. En el último año, un 12,12% de las personas de este colectivo ha sufrido acoso, un 25,76% ha experimentado discriminación y un 19,7%, violencia. La miembro de la ejecutiva de la Federación Estatal recuerda que estas personas suelen sufrir este odio en el ámbito privado, ya que no es una orientación visible.

La Asexual Community España (ACEs) publicó un informe en 2021 con una muestra de 615 personas con esta orientación. De él se extraen datos como que de las 369 personas que han mantenido o mantienen relaciones sexuales, hay un 45,8% que lo estaría haciendo por motivos diferentes a sus propias necesidades y disfrute. Además, hay un 17% de personas asexuales que no saben identificar si han sufrido violencia sexual.

Este es otro de los grandes problemas: la presión que sienten algunas personas de este colectivo para mantener relaciones sexuales. «Hay personas heterorrománticas que intentan encajar todo lo posible dentro de la norma social y pasan años ignorando o minimizando su asexualidad», defiende Leticia. La activista asegura que conoce casos de personas que han descubierto que son asexuales con 40 o 50 años, tras décadas de esfuerzos para mantener relaciones sexuales porque pensaban que «era lo que les tocaba hacer en pareja». «A veces quieren muchísimo a su pareja y disfrutan de su compañía, pero no desean el contacto sexual. Y eso puede generar mucha culpa, porque socialmente se nos enseña que amor y deseo sexual van siempre unidos», recalca.

«Un compañero en bachillerato me preguntaba constantemente por mi vida sexual, hacía bromas o insinuaba que me lo estaba inventando», narra Davie Rey

Y aquí llega otro de los escollos: ¿cómo puede reconocerse una persona como asexual si nunca ha escuchado este término o se lo han explicado de una manera incorrecta? «Muchas personas han oído hablar de la asexualidad, pero con definiciones incorrectas, como ‘personas que quieren estar solas’ o ‘personas sin deseo sexual’. Y entonces piensan: ‘Eso no encaja conmigo’», refleja la experta. En esta línea, recalca la importancia de mostrar realidades diversas: algunas tienen pareja y otras no, algunas practican sexo y otras no, algunas sienten deseo sexual y otras no… «Cuanta más variedad vea la gente, más fácil será que alguien se reconozca en esa realidad».

En este sentido, Davie pudo reconocer desde el principio que es asexual por su conocimiento del término, algo que no pasa en la mayoría de casos. «Cuando llegué a la pubertad y me di cuenta de que no me atraía nadie, pensé: ‘Bueno, pues probablemente soy esto’», señala. Al principio lo entendía como algo temporal, porque era consciente de su juventud y de que «las personas pueden cambiar». «Era un poco ‘soy asexual hasta que se demuestre lo contrario’. Y eso no ha cambiado, así que aquí seguimos», dice.

Las series y películas pueden ayudar a esta representación, sin embargo, no hay una gran variedad entre la que elegir: ‘Heartstopper’ incluye personajes asexuales y arrománticos; hay un episodio de ‘Sex Education’ donde se habla directamente de la asexualidad; en ‘BoJack Horseman’, uno de los protagonistas descubre que es asexual. Leticia recomienda ‘Koisenu Futari’, sobre dos personas asexuales y arrománticas que deciden convivir juntas, además de ‘Slow’, que trata la relación entre un hombre asexual y una mujer alosexual –personas que sí experimentan atracción sexual– de una forma muy realista, y aborda temas como la presión social, el deseo y la comunicación dentro de la pareja. «Hay muy poca representación y, cuando existe, suele ser muy secundaria. Muchas veces son detalles que se mencionan de pasada o que el autor confirma después», apunta Davie, quien pide más representación y más diversidad dentro de esa representación.

Visibilidad

Por ello, una de las principales reivindicaciones de la comunidad asexual es la visibilidad. «Muchos de nuestros problemas vienen de que la gente ni siquiera sabe que existimos», hace hincapié Leticia Rey, quien añade la importancia de la educación sexual basada en el consentimiento desde la infancia. «Mucha gente cree que educación sexual significa enseñar a tener sexo, pero en realidad lo fundamental es aprender límites, consentimiento y autonomía corporal», indica. La activista explica que el consentimiento es esencial para las personas asexuales porque puede quedar «viciado por la presión social».

En el caso de Davie no ha tenido problemas de consentimiento. El activista explica que siempre se ha relacionado sentimentalmente con personas queer. «Como la primera vez que salí del armario fue como asexual, la gente con la que me relacionaba ya lo sabía desde el principio», señala. Además, asegura que no es ‘sex-repulsed’. «Con mi pareja actual nos comunicamos bien, nuestras necesidades encajan y ella ha respetado siempre mi identidad y mis límites». Su experiencia no quita que conozca situaciones de otras personas asexuales más difíciles como relaciones sexuales sin un consentimiento real, presión constante o dinámicas muy dañinas.

Davie es consciente de que su realidad como asexual no es la misma que la de otras personas. Además, añade que otras cuestiones identitarias le han generado más conflictos sociales que la propia asexualidad. «Aun así, sí he recibido comentarios incómodos. Recuerdo a un compañero en bachillerato que me preguntaba constantemente por mi vida sexual, hacía bromas o insinuaba que me lo estaba inventando», narra. Sabe que gran parte de que su experiencia no sea «especialmente negativa» se debe a que su hermana ya estaba fuera del armario, informada y activista. «Tener a alguien cercano que entiende lo que te pasa ayuda muchísimo», recalca.

La formación en sanidad, educación y administración pública son otras de las luchas de este colectivo. «Todavía hay profesionales que patologizan la asexualidad o la confunden con trastornos». Leticia Rey asegura que ella misma llegó a pensar que tenía un problema hormonal por culpa de la presión social, a pesar de conocer el término ‘asexualidad’ desde hace años. La activista fue al médico para hacerse unas pruebas hormonales, pero en la sala de espera se puso a leer historias de personas asexuales y pensó: «Soy gilipollas».

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