Junio de 2020. El Ayuntamiento de Villanueva de Algaidas, una pequeña localidad de poco más de 4.000 habitantes de Málaga, se ve obligado a retirar una bandera con los colores del arcoíris para conmemorar el día del Orgullo LGTBI después de que un concejal de la oposición manifestara su desacuerdo apoyándose en una sentencia que desaconsejaba la presencia de banderas no oficiales en edificios públicos. A ello se le sumó la protesta de tres vecinos del pueblo que se presentaron en las dependencias de la Guardia Civil para expresar su malestar y pedir que se retirara la enseña.
No esperaban que esa misma noche un joven del municipio de 20 años se que-
jara en redes sociales y su publicación se viralizara hasta tal punto que otro vecino del pueblo, residente en Torremolinos, propusiera regalar una bandera arcoíris a todo aquel que quisiera colocarla en su ventana o balcón. En cuestión de horas, más de 400 enseñas multicolor ondeaban por todo el pueblo.
Orgullo Sierra Norte
Aquello fue el germen del Orgullo Sierra Norte, donde cinco municipios más (Archidona, Cuevas Bajas, Cuevas de San Marcos, Villanueva de Tapia y Villanueva del Trabuco) se unieron a Villanueva de Algaidas para fomentar la diversidad y mostrar su apoyo unánime a la lucha por los derechos del colectivo LGTBI.
Esta historia, que recuerda mucho a la de los Palomos Cojos de Badajoz, viene a recordarnos que el orgullo no solo se vive en las grandes ciudades y que no son solo desfiles de carrozas. Que la realidad LGTBI en los entornos rurales ha sido y sigue siendo más compleja y que este tipo de orgullos rurales son más necesarios que nunca.
De ahí que en 2013 naciera la Red de Municipios Orgullosos para trabajar y llevar a cabo políticas y acciones en favor de la diversidad sexual de los pequeños y grandes pueblos de España. Empezaron con diez municipios sevillanos y ahora son casi 300 de diferentes comunidades autónomas como la propia Andalucía, Comunidad Valenciana, Aragón, Extremadura, Galicia y Cataluña.
«Nuestro lema es que la diversidad afectiva, social y corporal no distingue entre códigos postales. Por lo tanto, las acciones en materia de diversidad tampoco deben cambiar», explica Manolo Rosado, presidente de la Red de Municipios Orgullosos. El único requisito para formar parte de esta red es «tener voluntad firme y un posicionamiento institucional de proteger al colectivo LGTBIQ+ y a nuestras familias dentro de los municipios».
Sacar el orgullo a las calles
Entre las acciones que se llevan a cabo se encuentran fomentar la celebración de fechas importantes para el colectivo, formaciones para el personal de las administraciones, la creación de guías contra los delitos de odio «para que la gente sepa poner una denuncia correctamente» o asesoramiento para gestionar, por ejemplo, un cambio en el DNI.
«Siempre decimos que no se trata de gastar más, sino gastar mejor. Si tienes que incorporar 50 libros a tu biblioteca, que al menos ocho trabajen en la diversidad sexual. Si tienes una programación teatral de diez obras al año, que alguna sea sobre el colectivo», comenta Rosado.

Entre las actuaciones de esta red también está, por supuesto, sacar ese orgullo a las calles. De esta manera, han impulsando la celebración de distintos ‘prides’ en estos municipios. En Soneja, en Ulloa, en Barcenillas, en Cabezaredos, en Guareña, en Valencia del Ventoso. Y así nos encontramos con orgullos rurales para todos los gustos. Para los que quieren desfilar como en las grandes ciudades, pero en tractores; para los que quieren aprender más sobre el colectivo, o para los que entienden que las actividades deportivas son un lugar para socializar.
Uno de estos lugares es la Romería Cuir, un encuentro que combina deportes, música y creación en el entorno rural y cuya actividad más multitudinaria es el descenso del Sella con más de 500 personas. «La idea surge en 2019 cuando se organiza un descenso del Sella LGTBIQ+. El objetivo es ofrecer espacios de socialización para la comunidad y en un contexto amable y deportivo», explica Fran Artucho, uno de los organizadores del evento, que cuenta con apoyo institucional por parte de la villa de Arriondas.
«Tradicionalmente el deporte ha sido un espacio donde se ha expulsado a gente LGTBIQ+, que ha dejado de hacer deporte por homofobia. La idea ahora es recuperar espacios que nos pertenecen y de los que nunca deberíamos haber sido expulsados», añade.
Otro punto de esta romería es, obviamente, reivindicar los espacios rurales, el folclore, la celebración tradicional. «Es un espacio que también nos pertenece. El orgullo también de ser rural. Estamos intentando tejer redes con el asociacionismo del pueblo para estar más unidos».
No al sexilio
El objetivo es que nadie se tenga que ir de su pueblo por cuestiones que tienen que ver con las expresiones de género o de orientación sexual. Según el estudio Sexilio en España del Ministerio de Igualdad, se estima que entre el 13 % y el 37,1 % de la población LGTBI+ ha experimentado sexilio. Es decir, la movilidad fuera del municipio de origen motivada, al menos en parte, por discriminación y búsqueda de una vida más libre como persona LGTBI+. La media de edad de las personas sexiliadas es de 32,5 años, frente a los 38 años del resto de la población LGTBI+.
«Existe la creencia de que en los pueblos hay más homofobia que en las ciudades. Lo negamos. Se producen más agresiones en las ciudades que en los pueblos. En los pueblos hay más control social porque todo el mundo se conoce. Algo que, no obstante, también pasa en grandes ciudades donde hay gente que se va de su barrio al centro», sentencia.




