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‘Hacks’: cinco temporadas y por fin hemos visto el beso que estábamos esperando

El séptimo capítulo de la última temporada de la serie se ha sentido como una pequeña victoria sáfica

Inbox Estupenda Márquez
Ilustración: Estupenda Márquez
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Las lesbianas tenemos un deporte de riesgo favorito que consiste en ver series y preguntarnos si estamos viendo lo que estamos viendo o si, una vez más, la televisión nos está poniendo la miel en los labios para luego decirnos que nos lo hemos imaginado todo. Hemos sobrevivido a temporadas enteras alimentándonos de subtextos y miradas entre mujeres que podrían incendiar el mundo y que, acto seguido, acababan enamorándose de un señor con el que no tenían ni la mitad de química que con su supuesta mejor amiga.

Por eso el séptimo capítulo de la última temporada de ‘Hacks’ se ha sentido como una pequeña victoria sáfica. No porque Deborah Vance y Ava Daniels se conviertan de pronto en una pareja canónica, sino porque aquí lo interesante es otra cosa: ‘Hacks’ sabe perfectamente que las lesbianas llevábamos temporadas mirando ahí. Y, por una vez, la serie no se hace la tonta.

Durante años, ese juego ha tenido un nombre, ‘queerbaiting’. Insinuar deseo entre dos personas del mismo género para que sigamos mirando y haciendo teorías, pero no tanto como para que ese deseo tenga consecuencias reales dentro de la historia. La serie se beneficia de nuestra lectura y luego, cuando pedimos que se haga cargo, nos contesta que estamos proyectando.

Con ‘Hacks’ ocurre algo un poco más complejo. La escena del beso entre Deborah y Ava tiene algo de ‘fanservice’, claro, sería absurdo negarlo. La serie sabe que muchas espectadoras queríamos ver esa imagen. Pero reducir el momento a una simple concesión para contentar lesbianas se queda corto. Porque ese beso viene de una relación construida durante temporadas como una mezcla entre dependencia feroz y admiración mutua que ninguna de las dos sabe nombrar sin convertirla antes en reproche.

Deborah y Ava tienen una relación romántica. Lo digo así, sin justificaciones y sin añadir notas al pie. Romántica no significa necesariamente sexual y mucho menos sana. A veces una relación romántica es una estructura emocional llena de celos, exclusividad, miedo al abandono, necesidad de aprobación, traición, reconciliación, dependencia y una incapacidad absoluta para dejar de elegirse incluso cuando lo razonable sería salir corriendo.

Desde el principio, Deborah y Ava funcionan así. Se necesitan de una manera que excede lo laboral. Se admiran de una forma que se parece mucho al deseo, pero también se hieren como solo se hieren las personas que conocen exactamente dónde tocar.

La clave está justamente ahí. Si esa relación no se vuelve sexual no es porque no exista deseo, sino porque hay demasiada estructura alrededor. Deborah no es una mujer cualquiera en la vida de Ava. Es su jefa, sí, pero también la persona que la ha convertido en cómplice y rehén de su propio mundo. Ava puede plantarle cara, y de hecho lo hace constantemente, pero eso no borra que una de las dos tiene mucho más poder que la otra.

Por eso el beso funciona tan bien dentro de una actuación. Deborah y Ava se hacen pasar por pareja, y esa farsa permite que algo verdadero ocurra. En ‘Hacks’, casi todo lo importante sucede en ese borde entre el espectáculo y la sinceridad. Deborah Vance no sabe tocar nada sin convertirlo antes en escena, y quizá por eso el beso cuenta, porque solo dentro de una mentira puede acercarse a una verdad que, dicha de frente, sería insoportable.

Y aun así, cuando algo ocurre entre ellas, ninguna sabe quedarse demasiado tiempo en ese lugar. Deborah y Ava reaccionan como reaccionan siempre, midiendo quién cede primero y quién conserva la última palabra. Entonces, lo que podría abrir una grieta de ternura se convierte enseguida en un pulso. Pero ahí está la verdadera tensión romántica de ‘Hacks’. No en si Deborah y Ava quieren acostarse, sino en si podrían quererse sin destruirse un poco.

Por eso me parece tan importante leer este capítulo más allá del grito colectivo de «por fin». Sí, por fin. Por fin una serie reconoce que no estábamos locas. Pero ‘Hacks’ no nos entrega una fantasía de reparación sencilla. Nos da algo más venenoso e interesante, la confirmación de que el vínculo estaba cargado de deseo aunque no pueda resolverse como una historia de amor convencional.

El beso, lejos de convertirlas en novias, deja claro que aquí el deseo no funciona como una meta a la que llegar, sino como el motor que empuja la historia. Lo importante no es si ese deseo se consuma, sino todo lo que desordena mientras existe.

Me interesa menos el beso como recompensa que todo lo que el beso deja en marcha. Deborah y Ava nunca han sido una fantasía de felicidad. Son una fantasía de reconocimiento. La de una serie que mira hacia donde llevábamos años mirando nosotras y nos dice, aunque sea con media sonrisa, que sí, que lo habíamos visto. Que no estábamos locas.

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