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Alan Hollinghurst, ganador del premio Booker: «Nunca he querido satisfacer las exigencias concretas de ningún tipo de público»

El escritor inglés sacudió los cimientos de la industria literaria mundial con ‘La biblioteca de la piscina’, una novela superventas que acabaría convirtiéndose en un clásico contemporáneo de la literatura queer

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Alan Hollinghurst, ganador del premio Booker, en la Feria del Libro de Málaga. Ñito Salas
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En 1988, este escritor inglés sacudió los cimientos de la industria literaria mundial con ‘La biblioteca de la piscina’, una novela superventas que acabaría convirtiéndose en un clásico contemporáneo de la literatura queer; en 2004, se consagró como uno de los mejores autores de su generación al conseguir el premio Booker por ‘La línea de la belleza’. A sus 71 años, y tan solo unos meses después de haber sido nombrado caballero por el rey Carlos III, esta leyenda viva de la literatura ha acudido a la Feria del Libro de Málaga, en una edición marcada por los grandes nombres nacionales e internacionales y por él éxito de público y ventas, para presentar su última novela, ‘Nuestras veladas’ (Anagrama, 2026; traduce Gemma Rovira), un ejercicio literario de memoria e introspección en el que un hombre de cierta edad recuerda los hechos que marcaron su vida profesional y personal.

Uno de los temas principales de ‘Nuestras veladas’ es la radicalización política en la Inglaterra de hoy en día, ¿viven los ingleses peor que hace unos años?

Creo que sí. Llevo toda la vida dibujando un paisaje acumulativo de la vida británica del último siglo y siempre había sentido que la evolución era positiva. Pero en la última década ha habido un preocupante giro en la dirección opuesta. Todas las ‘nuevas’ libertades están siendo cuestionados, y eso tiene que ver con el auge de la extrema derecha, los nacionalismos y la ruptura de los acuerdos colectivos, como la salida de la Unión Europea.

¿Y cómo ha afectado esta radicalización a la comunidad LGTBI de tu país?

Me cuesta un poco comulgar con la idea de comunidad. La nuestra es una realidad muy compleja y dispersa, no marchamos todos bajo una misma bandera. Puede que ya no esté tan involucrado en el activismo como lo estaba antes. Pero, respondiendo a tu pregunta, creo que la sensación de amenaza es cada vez mayor. Se ve de forma muy obvia en el movimiento antitrans. Aún no hemos llegado al momento de barbarie que vive Estados Unidos, pero solo porque creo que hay mucha gente en guardia para que esto no suceda.

¿Hay algo de ti en el protagonista de ‘Nuestras veladas’, este artista birmano que echa la vista atrás a su vida desde la madurez?

Sí, sobre todo en lo relativo a su primera juventud. En esa época y en ese entorno, la identidad queer la podías ocultar hasta cierto punto, pero la diferencia racial es imposible de disimular. Quise contar la trayectoria de alguien que había tenido una vida parecida a la mía, pero que convivía con una diferencia imposible de ignorar. Siempre me habían interesado las cuestiones raciales en Gran Bretaña, pero hasta ahora había escrito sobre ellas desde la perspectiva de una persona blanca; así que pensé que sería un reto interesante. De hecho, creo que pocos escritores blancos han intentado asumir el rol de una persona de color.

Quizá tenga que ver con el respeto a las experiencias de otras minorías…

En la época en que escribí el libro, este tema fue un asunto bastante peliagudo debido a todo lo que rodeó el movimiento Black Lives Matter y a la idea de ‘apropiación cultural’. Pensé que cómo iba a atreverme yo, un hombre blanco de más de 60 años, a hablar en nombre de las personas de color… Así que tuve que ir con pies de plomo. Me pareció que la idea de un protagonista mestizo, que en cierto modo era un punto intermedio entre yo y otra persona, podía ser una solución elegante para esta cuestión.

A lo largo de su vida, el personaje de David sufre tanto racismo como homofobia. ¿Cuál de estos dos problemas es más grave en la Gran Bretaña actual?

Yo diría que el racismo. Cuando el libro salió en Inglaterra, el año pasado, hubo allí unos disturbios raciales horribles. Las turbas de extrema derecha trataron hasta de incendiar hoteles en los que había inmigrantes recién llegados. En estos días estamos viendo cómo el partido Reform UK ha conseguido instalarse en muchos gobiernos locales, a pesar de que la mayoría de sus políticas son extremadamente xenófobas. Se aprovechan de unos prejuicios que, de repente, parecen ser permisibles.

En ‘Nuestras veladas’ hay muchas referencias a otras formas de arte, lo que hace que leerlo sea una experiencia muy enriquecedora culturalmente. ¿Es importante para ti que tus libros sirvan como una especie de homenaje a lo que encuentras bello?

Mi vida siempre ha estado muy vinculada a la cultura, por lo que, de forma natural, he creado mundos en los que el arte, el teatro, la música… han sido esenciales para mis personajes. Lo bueno de ser escritor es que tú llevas las riendas, tú decides. Eso ya se veía en mi primer libro, ‘La biblioteca de la piscina’. Lo he vuelto a leer después de 20 años y he recordado lo mucho que en él hablaba sobre arquitectura clásica, sobre Wagner… Introduje todas los temas que me obsesionaban en aquel momento.

En tus libros nunca has tenido miedo a hablar de sexo gay. ¿Te ha causado esto algún problema con la crítica o el público?

Mi primer libro salió en 1988 y yo no tenía la intención de escandalizar a nadie, pero sí quería reflejar la increíble vida gay de la Inglaterra del siglo XX. Buscaba escribir una historia interesante, pero también quería hablar sobre la vida de un joven que, en cierto modo, vive a través del sexo y se lo pasa de maravilla. Algunos lectores se escandalizaron, claro; pero otros quedaron encantados y convirtieron la novela en un éxito de ventas inmediato. Después, no quise encasillarme, así que fui disminuyendo el papel del sexo en mis novelas. Además, empecé a estar más interesado en lo erótico que en lo sexual. Siempre me ha fascinado no poder saber exactamente lo que pasa en la intimidad de los demás, así que me acostumbré a «cerrar la puerta» y a insinuar más que a mostrar.

¿Sientes que has contribuido a dar visibilidad a las experiencias vitales de los gays a través de la literatura?

Supongo que sí, aunque no es algo en lo que piense demasiado. Me hizo mucha ilusión cuando, en la serie juvenil ‘Heartstopper’, los chicos van a una librería gay y uno de ellos coge un ejemplar de ‘La biblioteca de la piscina’. De hecho, hice una captura de pantalla de aquella escena. Me pareció emocionante que ese libro siga significando algo, que se siga hablando de él casi 40 años después de su publicación.

¿Te molesta la etiqueta «literatura gay»?

Nunca me ha importado que definan mi obra como «literatura gay», pero, para mí, lo gay siempre ha sido la base para hablar del resto de las cosas que me interesan, sin explicaciones ni disculpas. Es importante recordar que los gays no solo somos gays: vamos a trabajar, nos pasan otras mil cosas… Nunca he querido que eso me defina por completo, pero, sin duda, es parte de mi esencia.

¿Cuál es tu público lector en la actualidad?

Es muy difícil saberlo. Sé que, en mis primeras presentaciones, en los 80, el público era mayoritariamente masculino y que ahora está compuesto principalmente de mujeres mayores de 60 años. Creo que este ha sido un cambio demográfico generalizado. Yo, sin embargo, nunca he escrito para nadie en específico, nunca he querido satisfacer las exigencias concretas de ningún tipo de público: simplemente he escrito sobre lo que me ha parecido interesante.

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