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‘Cochinas’: el porno como excusa para hablar de la liberación sexual en los 90

La ficción sitúa la historia en un videoclub de Valladolid y aborda la falta de espacios para que las mujeres hablen de deseo, placer y educación sexual

Inbox Juanma Fernández
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Un artículo en pospandemia que señalaba que el consumo de porno en España se había multiplicado exponencialmente durante el confinamiento, mucho más que en otros países, fue el germen de ‘Cochinas’, la nueva serie de Prime sobre un videoclub porno en el Valladolid de los años 90 y que se estrenó en el pasado Festival de Málaga.

Fue entonces cuando sus creadores, Carlos del Hoyo (‘Señoras del HAMPA’) e Irene Bohoyo (‘Todos los lados de la cama’), se preguntaron qué nos pasaba a los españoles con el porno y por qué era un tema del que apenas se hablaba. El proyecto inicial era mucho más amplio y ambicioso, con tres líneas temporales: los orígenes del porno en los años 20, una historia en los 90 y otra en la actualidad con plataformas como OnlyFans.

Sin embargo, el desarrollo del proyecto les llevó a centrarse en la década de los 90. «Nos dimos cuenta de que ahí había una serie en sí misma», explican. Sobre todo porque aquella es «la edad dorada del porno antes de la llegada de internet».

Pero, además, porque querían ir más allá del porno: la liberación sexual de las mujeres. «El porno es un territorio tradicionalmente masculino. Nos parecía interesante ver qué ocurre cuando las mujeres acceden a ese espacio: cómo lo experimentan, cómo lo cuestionan y cómo acaban apropiándose de él. Es un proceso de descubrimiento y liberación».

Ese enfoque también se refleja en el propio título. ‘Cochinas’, en femenino, busca resignificar un término cargado de juicio moral. «Queríamos que impactara, pero también que dijera algo desde el principio». Sobre todo porque el porno de aquella época era claramente machista.

«No queríamos suavizar ese porno machista. Ese porno era así: centrado en el placer masculino y muchas veces vejatorio para la mujer. Pero en la serie funciona como detonante: las protagonistas empiezan a cuestionarlo, a hablar entre ellas y a construir una mirada propia», explican Del Hoyo y Bohoyo.

Falta de espacios para las mujeres

El resultado es una historia situada en una ciudad de provincias (finalmente Valladolid, en lugar de Madrid) para acentuar el contraste entre el deseo y la represión. «Hay más represión, más choque con el entorno, y eso enriquece la historia».

Uno de los ejes centrales de la serie es la falta de espacios para que las mujeres hablen de sexualidad. «En los 90, los hombres tenían espacios como el bar o el fútbol donde podían hablar de estas cosas, pero las mujeres no. Estaban más limitadas al ámbito doméstico», apuntan. «Toda esa generación heredera de las anteriores tenía más dificultad para acceder a cuestiones relacionadas con la sexualidad o incluso a hablar de ellas. La serie también habla de dónde venimos», añade Malena Alterio, quien encarna a Nines, la propietaria del videoclub y protagonista de la ficción.

El videoclub se convierte así en un espacio de encuentro, casi clandestino, donde se rompe ese silencio. «‘Cochinas’ al final habla de mujeres que entran en un espacio que históricamente no les pertenecía y lo transforman. Igual que en otros proyectos hemos explorado la conquista de ámbitos como el crimen, aquí lo hacemos con el sexo y el porno. Y eso, de alguna manera, las empodera», dicen sus creadores.

La serie también busca desmontar los estándares irreales del sexo en pantalla. «Hicimos un análisis de la ficción española y vimos que el sexo suele estar reservado a cuerpos normativos y jóvenes. Queríamos romper con eso y mostrar que todo el mundo tiene derecho al placer, independientemente de su edad o su físico».

Por eso, ‘Cochinas’ muestra cuerpos diversos, edades distintas y experiencias sexuales alejadas de la idealización que se tiende a hacer con el porno. «Nos interesaba preguntarnos de dónde nace el deseo y por qué nos gusta lo que nos gusta. La serie intenta romper con los prejuicios y mostrar que la sexualidad puede ser compleja, contradictoria y diversa», explican.

La diversidad sexual

Y, en esa diversidad, el proyecto también apuesta por abordar múltiples realidades: desde la sexualidad en personas mayores hasta personajes con discapacidad, pasando por tramas LGTB+. «Queríamos asumir cierta responsabilidad: si haces una serie sobre sexo, tienes que hablar de los temas que realmente están sobre la mesa».

Entre las tramas destacan la de una joven con síndrome de Down que descubre su deseo; la de un joven que descubre su asexualidad, una temática poco abordada en la ficción española; o la de un niño que desafía los roles de género en un entorno conservador. «Son historias que siguen siendo necesarias».

«La serie llega en un buen momento porque se está cuestionando la educación sexual. Viene a hablar de la importancia de ofrecer educación sexual a los niños, tanto entonces como ahora. Hoy, por ejemplo, tenemos el problema del acceso de los menores a la pornografía y que eso se convierta en su base de aprendizaje. Es algo muy peligroso y nos afecta a todos», comenta Alterio.

«Yo investigué sobre la asexualidad para mi personaje y descubrí que hay muy poca representación. Fue interesante entender que existen muchas formas de vivir la sexualidad y las relaciones», comenta Álvaro Mel, que da vida a Agus.

Mostrar también el cuerpo masculino

Otro de los elementos diferenciales es la representación del cuerpo masculino. «Estamos acostumbrados a ver desnudos femeninos constantemente, pero no ocurre lo mismo con los hombres», explican sus creadores. «Lo que más se ha explotado y mostrado en pantalla es el cuerpo de la mujer. Pechos, glúteos… Ahora también aparecen penes en pantalla», añade Mel. «Pero no se trata de ser modernos: si aparece, debe estar justificado y mostrarse con naturalidad», comenta Celia Morán, quien interpreta a Chon.

Por eso, la serie apuesta por una exposición más equitativa desde el primer momento. «Era una declaración de intenciones», señalan sus creadores. Este enfoque implicó también un trabajo intenso con los actores y el equipo de intimidad, que participó desde las primeras fases del guion. «Nos ayudaron a detectar posibles enfoques problemáticos y a afinar el discurso».

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