Una de las preguntas que lleva repitiéndose desde que RTVE decidiera abandonar el Festival de Eurovisión el pasado diciembre junto a otros cuatro países debido a la participación de Israel es si tiene sentido que se celebre el Benidorm Fest. Sobre todo teniendo en cuenta que este certamen nació como una preselección para elegir al candidato español al famoso festival de la canción europea.
Es una pregunta que, además, estos días en Benidorm, se cuela en cada evento y en cada corrillo entre periodistas. Y a bote pronto la respuesta es que sí. De hecho, son muchos los que defienden que es justo el plus que necesitaba este festival para despegar.
«Realmente puede convertirse en un festival de música que enseñe apuestas nuevas y lo que tiene este país, que tiene mucho que ofrecer musicalmente. Le puede dar otra perspectiva a lo que es un festival», explicaba a SIX Dora Postigo, que el pasado martes participó en la primera semifinal junto a Marlon Collins.
Sin ese peso de encima, artistas que hasta ahora no hubieran participado en el Benidorm Fest porque ello implicaba ser el representante de España en Eurovisión, sí se han atrevido a dar el paso. De hecho hay que recordar que en las bases de este certamen se obligaba a los ganadores a acudir a este festival, al contrario de lo que ocurre con el Festival de Sanremo.
Tampoco hay que obviar que la victoria de Melody el pasado año y, todo lo que conllevó después, no ayudó mucho a la imagen del festival. Que ganara una candidatura como la suya, poco actual y arriesgada, llevó a pensar que no era provechoso acudir a este festival con determinadas propuestas si al final terminaba ganando la diva de turno.
De esta manera, incluso antes de decidir abandonar Eurovisión, RTVE trabajó en las nuevas bases del festival en lo que podríamos bautizar como las cláusulas Melody. Por una parte, se decidió la vuelta del jurado demoscópico para que hubiera una mayor representatividad y quitarle poder al televoto.
Por otra, dotar el triunfo de un premio de 100.000 euros para el artista ganador y 50.000 para el compositor o compositores. Un buen pellizco muy importante para un mundo en el que la precariedad es el pan de cada día.
De hecho, artistas como Mel Ömana, una de las artistas que más proyección consiguió el pasado año tras su paso por el Benidorm Fest, recordaba estos días que aún está pagando el proyecto de su candidatura.
En este sentido, desde TVE también ha tomado la decisión este año de ayudar a los participantes con sus escenografías, dotándoles de presupuesto y, sobre todo, de un director artístico como Sergio Jaén, responsable de la puesta en escena del ganador de Eurovisión 2025, JJ, y su compañero, Borja Rueda, como coreógrafo.
La idea es servir de plataforma para la industria, desde cantantes y compositores hasta bailarines y coreógrafos. Un trampolín para promocionar sus carreras y darse a conocer al público. Y es que durante meses, estos artistas conceden entrevistas a medios y sus nombres aparecen en redes como quizá nunca antes.
Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. Y abandonar Eurovisión podría ser un gran revulsivo para el Benidorm Fest. De momento, los datos de la primera semifinal no han sido tan negativos. De hecho, la gala logró liderar su franja de emisión y ser la oferta de prime time más vista de la televisión en España.
Falta ahora por ver qué pasa con la final en la que, además, cuenta con menos competencia a priori. Será entonces el momento de sentarse a analizar tranquilamente si tiene sentido el Benidorm Fest sin Eurovisión. O si es necesaria una vuelta.




